lunes, 23 de marzo de 2009

Poner "fin"

Estoy terminando lo último que tengo entre manos, una novela en la que llevo inmersa casi tres años, y este momento es de los más emotivos que tiene la escritura.
No es que necesite llegar al final de una novela para darme cuenta de que me gusta escribir, sino que estos días en los que me ronda el final, siento emociones tan intensas que llego a pensar que estoy un poco pirada, de verdad.
¿Se puede uno llegar a poner nervioso por escribir el final de la propia novela? ¿Se pueden saltar las lágrimas al poner la palabra “fin”?
A mí me lo cuenta otro/a y me parto de risa además de recomendarle unas vacaciones en la montaña (por no decir un buen psiquiatra). Además le pongo de pijo para arriba, de memo, de prepotente y de presumido. Pero claro, por eso yo no se lo he contado nunca a nadie, porque son cosas para no contarlas, para vivirlas, aunque esta vez me decido a colgarlo aquí por si a alguien más le pasa, que piense que no está solo, que hay más pirados como él o ella.
Ya me ha pasado alguna vez que me he quedado como enganchada en los propios personajes, en la historia, me cuesta cerrar ese tema en el que he estado volcada mucho tiempo para pasar a otro, a otros personajes nuevos con otras historias que contar, y veo que esta vez me va a pasar lo mismo, que me voy a quedar un tiempo inevitablemente “colgada” de ellos.
Luego, viene al camino más difícil, ya sé que queda un largo recorrido de valoraciones y análisis por parte de los demás, pero es algo en lo que yo ya no puedo intervenir, lo que quería contar está contado, lo que necesitaba decir, ya lo he dicho, y me quedo tan a gusto, que sólo quiero cerrarla, darle a la tecla de imprimir y abrazar muy fuerte las emociones que encierran ese montón de folios que pasaron de estar en blanco a describir un tramo en las vidas de una serie de personajes, un historia, pero sobre todo, unos sentimientos que quiero hacer llegar a los demás.
El misterio es si el lector podrá sentirlo tal y como a mí me gustaría que lo sintiera. En realidad, esa es la magia de la escritura, saber si el que recibe el mensaje, lo recibe como yo he querido transmitirlo, porque si lo he logrado, todo habrá valido la pena, si no, hay tiempo de volverlo a intentar.
Por primera vez he tenido que escribir la última página de la historia y poner la palabra “fin” antes de haber escrito los dos últimos capítulos, pero es que lo necesitaba, no he podido esperar, quería asegurarme ese final, quería relajar la tensión de la parte última y decirme a mí misma que todo iba bien.
Después, he puesto una música linda, he cerrado la puerta de mi cuarto, y releído esa última página. Cuando me he dado cuenta de que se me estaba poniendo la piel de gallina, he pensado: “Ha quedado bien”.
¡Joer! Qué cosa tan complicada es esto de escribir, pero qué momentos tan especiales proporciona.

martes, 10 de marzo de 2009

Encuentro con alumnos del IES Padre Isla (León)

Ayer estuve en el Instituto Padre Isla de León, en un encuentro con los alumnos para charlar sobre el libro “Marioneta”.
Pasé un día de nervios que creo que disimulo bastante bien, pero que van por dentro y hay que ver lo que molestan. Hasta las cinco de la tarde, que era la hora en la que habíamos quedado, tuve un nudo en el estómago que sólo se me quitó cuando llegué allí y vi un grupo de jovencitos con mi libro en las manos, y como me pasa siempre, me entró una especie de escalofrío, una emoción especial al pensar que una parte de mi pasión había llegado hasta ellos.
Nunca llevo nada escrito ni preparado para que no dé la impresión de que voy a leer un discurso y ya está, quiero que me vean natural, cercana, como a mí me gustaría ver a autores de los que he leído algún libro que me ha gustado.
Les suelo hablar de cómo surge la idea de escribir el libro, en este caso, cómo se me ocurre tratar el tema del acoso escolar, les cuento alguna anécdota, les hablo de lo que me gusta escribir y leer, pero sobre todo, trato de explicarles lo que siento al escribir, y lo importante que es para mí poderme encontrar cara a cara con las personas que tienen la última palabra, con los que dicen si lo que he querido transmitir les ha llegado como yo quería, si lo que yo sentí al escribirlo lo han sentido ellos al leer el texto, porque si ha sido así, todo habrá merecido la pena.
Me gustó estar con ellos porque participaron con sus comentarios y preguntas, y eso es importantísimo porque si no, el encuentro se convierte en un “desencuentro” y se pasa fatal.
Desde aquí les agradezco que me acogiesen con tanto cariño, y les felicito a ellos por lo majos que son, y a sus profesores por hacer lo posible para que saboreen ese fascinante placer que es la lectura.
Si yo he podido contribuir un poco, doy por bien empleados los nervios que paso antes de ir.

jueves, 5 de marzo de 2009

El día de la mujer

Ya se acerca este día que creo que lo ideal sería que no hiciese falta que existiera. Para adelantarme un poco y poner una sonrisa a esta tarde de nieve, ahí va este relato:

8 de Marzo (De cualquier año)

7 de la mañana
Suena el despertador con ese pitido ofensivo y molesto que se mete hasta el cerebro y te taladra la sustancia blanca, la gris y la rosa si la hubiera.
Cojo el despertador y le meto un rato debajo de la almohada, cinco minutos, sólo cinco minutos más por favor, parece que no son nada (y en realidad no lo son), pero es que salir de la cama a las siete viviendo en León, levantar la persiana y ver la helada que ha caído, es muy duro. En esos cinco minutos de propina pienso que los que viven en Canarias no lo deben de pasar tan mal para madrugar, porque allí estas temperaturas sólo las tienen en las cámaras de los congelados.
También pienso en esos cinco minutos en llamar al trabajo y decir que no me esperen más, que no vuelvo, pero en ese momento Roberto viene corriendo desde su cuarto, enciende la luz del techo y me quita las mantas para que me levante corriendo porque ya es muy tarde para ir al colegio y tengo que ponerle el desayuno mientras él ve los dibujos de no sé qué.
7.30.
Empieza un día prometedor. Intento entrar en cualquiera de los dos baños pero los dos están ocupados, en uno de ellos, Juan, mi hijo mayor se está colocando por enésima vez el peinado con siete gominas distintas, en el otro, Víctor, mi hijo mediano se coloca las lentillas con toda la tranquilidad del mundo. Yo me estoy meando, pero no importa.
Roberto, el pequeño se ha ido vistiendo para ganar tiempo, pero se ha puesto los calzoncillos del revés, y por no desvestirle enterito otra vez, pienso que tampoco pasa nada por ir un día así, al fin y al cabo, Superman los ha llevado toda su vida por encima de los pantalones y mira lo famoso que se ha hecho.

8.00
Luis se levanta de la cama protestando porque somos muy ruidosos y no le hemos dejado dormir bien. Mientras se afeita y se corta tres veces bajando a todos los santos del cielo, Roberto insiste en que va a llegar tarde al colegio, no importa que a él le quede una hora para entrar y yo llegue ya tarde haga lo que haga.
Los dos mayores se van al instituto, entran a la misma hora, pero salen de casa separados porque ir juntos sería hacer el ridículo. Por fin, con un baño libre, me pego una ducha, me visto, me pinto un poco para no parecer enferma, se me corre el rimel porque las prisas no son buenas para nada, y salgo de casa pitando después de decirle adiós a Roberto y a su padre que, por cierto, no me hacen ni caso.
8.45
Llego tarde, por supuesto, pero llego, que es lo importante.
Nada más abrir la puerta de la oficina veo encima de la mesa un montón de papeles para archivar, cartas para mandar, y fotocopias para hacer. Abro el ordenador y tengo diez correos urgentes para contestar antesdeayer, el teléfono suena sin piedad y el ordenanza deja encima de mi mesa más cartas que van llegando, todas urgentes, eso sí.
10.00
Cuando por fin consigo tener cada papel en su montón y el Windows en marcha, se oye un pitido sonando insistente en los pasillos del edificio: Simulacro de incendio, tócate las narices. Hay que dejarlo todo como esté, cerrar las puertas para evitar que el supuesto fuego se disperse y salir a la calle mientras los organizadores controlan reloj en mano el tiempo que hemos tardado en desalojar el edificio.
10.30
Al salir de la oficina por lo del simulacro dichoso y cerrar la puerta, se me volaron todos los papeles que tenía ordenados en la mesa, pero eso sí, el tiempo de evacuación ha sido un éxito. Ya me gustaría a mí ver cómo serían las cosas si supiéramos que el fuego no es en broma.
Bueno, yo a lo mío, recojo papeles, atiendo al personal, el jefe me dice que si me pasa algo, yo le digo que no, que soy así de fea, en fin, lo lógico y normal.
11.30
Reunión. Es una reunión muy importante porque tenemos que hablar de los temas urgentes que deberíamos haber solucionado urgentemente hace tres meses y que no se solucionarán hasta dentro de otros tres.
12.00
Saco un café de la máquina, porque con eso de la dieta no he probado bocado en toda la mañana y estoy que me caigo, pero justo cuando lo dejo encima de la mesa suena el teléfono, le doy con el cable, se cae encima de unos papeles muy muy importantes de los que no tenía copia y me cojo tal cabreo que se me quitan las ganas de café ni de leches.
12.30
Como trabajo a media jornada ya es la hora de salir, así que recojo, y me voy pitando porque hasta las dos que sale Roberto del colegio tengo tiempo de sobra para: -Pasar por el “Día” y comprar el pan y cuatro cosas más que luego siempre son ocho o diez, lo justo para llegar a casa como la mula Francis.
-Pasar por el banco a ingresar el dinero de la excursión de Víctor porque si hoy no está ingresado se queda sin plaza y me mata.
-Hacer el segundo plato y calentar el primero.
-Poner una lavadora y tender la otra que había dejado puesta por la mañana.
-Poner la mesa y dejarlo todo dispuesto porque cuando los chicos llegan de clase tienen más hambre que Dios talento.
14.0
Recojo a Roberto y cuando llegamos a casa me reta a una carrera desde el aparcamiento hasta el portal. Me gana siempre, y juro que no es que me deje, me gana con toda legalidad porque para esas horas yo ya estoy con la lengua fuera.
14.30
Llega Luis a comer y me dice que qué bien vivo con eso de trabajar “sólo” media jornada. Me aguanto el ataque de risa histérica que está a punto de darme.
14.45
Llegan los chicos a comer y me dicen que el instituto es un rollo y qué cuándo podrán vivir ellos como vivo yo, trabajando cuatro horas, que tengo un morro que me lo piso. Cuento hasta ciento veinticinco, pienso que son mis hijos, que ya llevan mucho tiempo en casa, que les tengo cariño y que no se debe de cometer un infanticidio a la hora de comer porque en la mesa no se juega.
15.00
Luis me dice “¿Te friego yo o friegas tú? El pronombre ese del “te friego” parece que no, pero tiene su importancia, porque es como si me hiciera un tremendo favor con “fregarme” los platos que, al fin y al cabo, hemos manchado todos, pero como menos da una piedra, le dejo que “me friegue”, mientras yo voy tendiendo otra lavadora y pensando qué plato puedo dejar hecho para mañana.
En la tele dicen que como es el día de la mujer, van a entrevistar a mujeres trabajadoras de nuestro país: la presidenta del senado, la mujer del presidente, la hija del presidente del banco de no sé qué y...la madre que los parió.
Me dan ganas de llorar, debe de ser por la cebolla que estoy picando para la tortilla de patata que estoy haciendo para la cena.
16.00
Llevo a Roberto a las actividades extraescolares y mientras tanto aprovecho para ir a recoger la ropa a la tintorería, pasarme por la carnicería a ver si me han traído el chuletero, comprar tres bombillas que se han fundido y entrar en la farmacia a por tres cajas de valeriana. No la hay intravenosa, sólo vía oral, qué le vamos a hacer.
17.00
Recojo a Roberto que quiere merendar enseguida para después ir al circuito con la bicicleta porque se ha quedado muy buena tarde, aunque yo hubiera preferido que lloviera a cántaros, la verdad.
18.30
Odio la bicicleta, después de cargar con ella, ni la ha tocado, odio el circuito, el parque, los toboganes y la arena, lo odio todo porque llegamos a casa como dos penitentes, llenándolo todo de arena y encima con un caldero, una pala y un camión que vete tú a saber de quién serán.
20.00
Después de duchar a Roberto y de explicarle a Víctor que es muy importante para la vida futura saber hacer raíces cuadradas y cúbicas, pero que a mí se me han olvidado y no puedo ayudarle, discuto con Juan porque quiere salir este viernes hasta las cuatro de la mañana y a mí me parece que es excesivo y a él le parece que menos de eso es una chorrada. Me pone pingando, me dice que esto se va a acabar, que parece que nací con cuarenta años, que soy una anticuada, que los padres de sus amigos son mejores que los suyos, que quiere tener dieciocho años para hacer lo que le de la gana como lo hago yo y que además la de Biología le ha cateado porque le tiene manía.
21.00
Cenamos. Luis llega reventado del trabajo y dice que si nos ha pasado algo porque tenemos las caras largas, y que encima de pasarse el día trabajando le recibimos así.
No digo nada porque están los niños delante y además porque no tengo casi fuerza ni para discutir.
“Me friega” otra vez para que yo descanse mientras doblo la ropa que está seca, preparo el bocadillo de Roberto para el día siguiente, hago la nota de la compra para que no se me olvide comprar la Nocilla ni los yogures porque parece que ha pasado Atila por la nevera.
22.30
A Roberto le duele la barriga, le doy una aspirina, tose, vomita en la cama, se pone perdido, le cambio, dice que quiere dormir con nosotros y le cambio para nuestra cama.
23.0
Me peleo con Víctor y Juan porque dicen que ya son mayores para que yo les diga cuándo tienen que irse a la cama así que les dejo por imposible y me pongo a reunir los papeles del trabajo que había traído para terminar en casa y que se van igual que vinieron.


24.00
Luis sale de la ducha y se acerca a mí sólo con la toalla atada a su cintura y con los ojitos golosones, y cuando me ve salir corriendo en dirección contraria dice:”¡Hija, cómo eres! Nunca tienes ganas de nada...y eso que hoy ha sido el día de la mujer...”
Mientras me duermo pongo la radio y están hablando en un coloquio del terreno que hemos ido ganando las mujeres desde que trabajamos fuera de casa, y la ministra de no sé qué dice que la igualdad es algo que está ya al alcance de nuestra mano.
Y yo, que por más que estiro el brazo no acabo de alcanzarla....

-Se acabó- (Por hoy)


(Cualquier parecido con la realidad es…cierto)

martes, 3 de marzo de 2009

Ecosexo

Dicen los de Greenpeace que hay que preocuparse más por el cambio climático, y tienen razón, desde luego, lo que pasa es que proponen medidas que a la hora de llevarlas a cabo no son tan fáciles. Por ejemplo, entre ellas está lo que ellos llaman “Ecosexo”, que le dije yo a mi Paco, vamos a ver qué es esto porque si se puede contribuir de alguna manera a que no se derritan los casquetes polares, pues oye, habrá que hacerlo.
Para ser partícipes del “Ecosexo”, hay que evitar la compra de artículos afrodisiacos que no sean de origen totalmente natural y cultivados de forma ecológica, sin pesticidas ni abonos de origen inorgánico.
Bueno, vale. Dicen que mejor moras y arándanos, y si puede ser, comprados en comercios solidarios para no contribuir al capitalismo incontrolado.
Bueeeeno… a ver qué encuentro, no vamos a desesperar a la primera de cambio.
Otra de las pautas que dan es la de mantener los encuentros amorosos durante el día, para no consumir tanta energía teniendo la luz encendida, o si es por la noche, hacerlo a oscuras. Eso sí, dejan la alternativa de utilizar velas pero…hechas con era de abeja.
Otra cosa para la lista de la compra ecológica.
Además, no se deben utilizar juguetes sexuales fabricados con fibras que no sean estrictamente de origen vegetal, nada sintético porque estos materiales aumentan el deterioro medioambiental al generar desechos no rebasorbibles.
Como punto final, y pensando en el agotamiento de los acuíferos y la consecuente pérdida de la biodiversidad vegetal y animal que esto supondría, aconsejan no ducharse todos los días, y en caso de necesidad, que lo haga la pareja junta, para economizar el líquido elemento. Se da por descontado que no se utilizarán desodorantes en espray para no aumentar el agujero de la capa de ozono.
Total: que yo llego a la cama, a oscuras porque no he encontrado velas de cera de abeja, sin ducharnos desde hace dos días, y sin usar desodorantes por lo del ozono; palpando en la mesilla a ver si encuentro los afrodisiacos naturales, que a tientas he acertado con el móvil pero no con los arándanos esos, y con juguetes sexuales hechos de esparto, que no contaminarán, pero pican que se matan, y ¿qué me encuentro?
A mi Paco roncando como un bendito.
O sea, que tanto preocuparme por los casquetes polares, me he quedado sin los otros…
Pues, hala, ya no soy “ecosexual”, seguiré contribuyendo a que el planeta no se destruya tirando las pilas a los contenedores y esas cosas, pero el resto ¡ni tocarlo!

lunes, 2 de marzo de 2009

Manda "güevos"

Leo en la prensa de ayer que algunas mujeres, novias, amantes, etc.… de banqueros americanos han creado una página web ante la necesidad de apoyo y consuelo que necesitan debido a los tiempos de crisis que vivimos.
Parece ser que “las pobres” han visto disminuir su nivel de vida de una manera brutal, y por si esto fuera poco, tienen que aguantar a su lado a unos señores (maridos, novios, amantes…) a los que antes veían el pelo lo justo para que les dejasen por allí cerca unos cuantos millones de dólares sueltos, y ahora, además de que han cerrado el grifo, se han puesto pachuchos y esmirriados ante la situación económica que atraviesan sus finanzas.
Dice la esposa del presidente de Letman Brothers (o como se escriba), que ella se ha visto obligada a empezar a vender su valiosísima colección de cuadros para mantenerse a flote, lo cual, les ha llevado a ella y a su marido a un estado próximo a la depresión.
Mire, señora Letman, se me han saltado las lágrimas al leer estas cosas que le están pasando, se me han puesto los congojos hechos un ovillo (o sea, me he acongojado). Dice usted que ha tenido que renunciar a los masajes con diamantes, a los zapatos de Manolo Blhanik, a las cenas en los mejores restaurantes que uno se pueda imaginar, y a los viajes en el yate privado, y encima, le ha tocado aguantar al señor Letman en casa, hecho una penita, mientras usted vende los Picassos, los Van Ghog y los otros cuadros raros de esos que tiene. ¡No me diga, no me diga! Además, han tenido que dejar los tratamientos estéticos, con lo cual su imagen personal se ha deteriorado un montón. ¡Qué trastorno! ¡Te lo juro!
Mire señora Letman: hay vida después de la caída del banco de su marido. Sí, por imposible que esto le parezca, se puede resistir, incluso de forma digna, con sueldos de mil euros por barba. Bueno, bueno, repóngase usted de ese ataque de risa que le ha entrado y lea un poco más, por favor.
Verá usted, hay mucha gente que la comprende, no está usted sola, hay millones de mujeres que tienen en casa a sus maridos no porque haya quebrado su banco, sino porque ha cerrado el taller, la frutería o la tienda de barrio en la que trabajaban desde hacía mil años. Mujeres que también saben lo que es tener un marido deprimido en casa, con dos o tres chiquillos que a lo largo del tiempo han ido acostumbrándose a comer todos los días y no hay quién les quite esa manía.
Estas señoras que le digo, también llevaban zapatos de Manolo, eran de Manolo, el del puesto del rastro, el que los tenía a quince euros, pero también los han tenido que dejar de comprar, porque la cosa se ha puesto fea de narices (por decirlo de una manera fina que no hiera sus distinguidas orejas), y ¿sabe lo que pasa? Pues que nosotros no podemos vender los cuadros de casa, porque la mayoría son los que nos hicieron los niños en el colegio por el día de la madre, sí mujer, de esos que se hacen pegando lentejas (que usted no sabrá ni lo que son) y que los tiene uno como oro en paño aunque en la esquinita en vez de Picasso, ponga Julito, no podemos venderlos, pero ojo, para nosotros valen una fortuna.
También entendemos lo de los viajes y las cenas en los mejores restaurantes, nos ha pasado igual. Hombre, nosotros no tenemos yates, pero nos encantaba irnos unos días con los chiquillos en el coche de veinte años, a un hotelito cerca de la playa (un sitio con mar donde va mucha gente sin operarse la celulitis ni nada), y hasta eso vamos a tener que dejar, fíjese cómo está la cosa de chunga.
No se me venga abajo, mujer, que hay muchas ofertas en el Carrefour ( lugar donde se compra comida que luego hay que cocinar en casa, eso es lo malo), ahora hay una de 3x2 (que pagas las cosas como siempre pero te lo ponen de una forma que te hace hasta ilusión porque te crees que has ahorrado), y al lado justo, hay un sitio donde venden hamburguesas, se llama Mac-Do- Nals, no se le olvide, que aunque es de su tierra, no lo habrá oído usted en su santa vida.
Hala, ¿a que ya se encuentra usted un poco mejor? ¡Que sí, mujer! Que esto no es nada, fíjese que hay gente que casi no hemos notado la crisis porque es nuestro estado de vida normal…
Venga, arriba ese ánimo para usted y todas sus amiguitas. Déjense de gastar los cuartos en psicólogos y vénganse una temporada “pa cá”, que se le quitan todos los males (por no decir las sandeces, por si no saben lo que son). Aquí se sale a flote por narices, guapas, con un par, porque no nos queda más remedio que tirar para delante de nuestras casas y sobre todo, de nuestras familias, y sin rasgarnos las vestiduras porque no podamos tener tratamientos estéticos, porque a nosotros se nos hinchan los morros sin bótox, sólo de tanto resoplar a ver cómo demonios llegamos a fin de mes.
Bueno, señora Letman, no la entretengo más, que tendrá usted que vender más obras de arte, salúdeme a su señor esposo y levántele la moral (¡ay, no, que los banqueros no la tienen! bueno, pues levántele lo que pueda), y que no se desespere, que esto, para ustedes, se pasa enseguida.
Yo voy a preguntarle la lección a mis niños, a ver si salen estudiosos y con suerte, (mucha suerte) consiguen un trabajo de mil euros también, que aquí, por estas tierras, con eso y salud vamos tirando.
Manda “güevos” lo pijas que son algunas…
Basado en el artículo publicado el Domingo 1 de Marzo en el Diario de León.

domingo, 1 de marzo de 2009

Nunca pasa nada...

Tengo yo un amigo la mar de majo, andaluz de pura cepa, con ese arte que tienen por las tierras del sur, que yo creo que es por el calorcito, que les imprime un caracter especial.Este amigo, como dicen los chavales, escribe "que te cagas", y no se le pone nada por delante a la hora de presentarse a concursos: bases que caen en sus manos, certamen al que va como una flecha. Campea por concursos y premios diversos a su libre albedrío, con la confianza que da la experiencia, y la alegría que acompaña todo lo que hace, como un cascabel que pone una nota de gracia por donde quiera que pasa.
Muchas veces hemos comentado el tema de que en algunos certámenes (muchos), no permitan peresentar un texto que a la vez está siendo presentado a tro. Esto es un engorro que te puede tener un año entero sin poder presentar ese escrito a otros certámenes, pero bueno, es un requisito y cuando uno se presenta, se supone que acepta las bases.
"¡Pero, mujer, tú no le eches cuenta a eso!- me dice- Anda que no tienen que darse casualidades para que se enteren de que lo has presentado en varios sitios a la vez!"
Y tiene razón, ya lo sé, porque tiene que coincidir que ganes un concurso y otro para que se descubra la "trampa", pero bueno, aunque es difícil, siempre queda un "por si acaso" que llama a la prudencia. Pero para mi amigo, la "Prudencia" no es más que una vecina de su madre, sorda como una tapia, igual de sordo que se vuelve él cuando le llamo la atención sobre su confianza al no ajustarse a los requerimientos de los concursos.
"Que no pasa nada, que se tendrían que poner de acuerdo todos los astros del firmamento para confabular en contra mía y que se me diesen tan malamente las cosas. ¡Relájate, mujer! Hay que ver lo nerviosa que eres"
Sí, sí, yo seré nerviosa, pero... Claro está que los astros no andan por ahí confabulándose todos los días, pero el día que les da por hacerlo, se confabulan de narices...
La última ocurrencia que tuvo mi confiado amigo, fue presentarse a un concurso en el que era requisito imprescindible ser universitario. Él, que la universidad la dejó atras hace veintitantos años, tuvo la feliz idea de enviar al certamen, no una, sino dos novelas, eso sí, a nombre de sus dos hijas, que estas sí que son universitarias.
"Son tres mil euros de las antiguas pesetas, niña- me decía con gracejo cuando me eché las manos a la cabeza después de contarme su atrevimiento- y estamos en crisis, no se puede andar por ahí desperdiciando oportunidades. No te preocupes, que no voy a ganar, no pasa nada, chiquilla, no pasa nada"
Pero pasó.
Y pasó bien pasado, porque ganó el certamen con una de las novelas, y con la otra quedó finalista.
Casi me quedo sin amigo andaluz del chorreo que le cayó de sus dos hijas.
"¡¡Manda huevos, leonesa- que así me llama a veces- manda huevos la mala suerte que he tenido al ganar!!"
Ahora llora por los rincones la pena de haber metido a sus hijas en un lío con la universidad puesto que si el pastel se descubre, ellas estarían cometiendo un fraude; y se tira de los cuatro pelos que le quedan al darse cuenta de que no tiene más que dos posibilidades: renunciar al premio para no fastidiar a sus hijas que hace días que no le hablan, o arriesgarse y ver publicadas sus novelas con un nombre que no es el suyo.
"Mis primeras novelas publicadas, y no podría decirlo, ni firmarlas, ni recibir las felicitaciones de nadie. ¿Cómo voy a dejar que esos libros lleven el nombre de mis hijas, por muy hijas mías que sean, si los he escrito yo? ¡Me he convertido en un "negro"! A mis años me he convertido en un vulgar "negro"!, y esto duele mucho, leonesa, esto duele en el alma"
Para no echar más leña al fuego, que ya bastante calentito está, lo único que he hecho ha sido darle una palmadita telefónica en el hombro, porque no le he visto personalmente todavía, y tratar de calmarle un poco, porque comprendo cómo se tiene que sentir y me da pena escuchar ese llanto lastimero en alguien que normalmente es la alegría de la huerta.
Definitivamente ha renunciado al premio, bueno, él no, sus hijas, que no sé qué disculpa habrán puesto para justificarlo ante el jurado, pero aunque me conmueve lo mal que lo ha pasado, espero que haya aprendido la lección.
"No se me vuelve a ocurrir, de eso nada. Mala bomba caiga del cielo y explote aquí mismo si digo mentira"
Pero esta mañana me ha llamado para decirme que se va a presentar al Planeta, y con la misma novela, al Azorín.
"¿Pero tú me ves a mí ganando el Planeta, alma de cántaro? ¡Que no, mujer, que no! Que lo hago para probar, que no pasa nada"
Yo no digo nada, pero a mí estas pruebas no me gustan, que nunca pasa nada...hasta que pasa.

Va por ti, niño, por el cariño que te tengo y lo mal que te sienta la tristeza con el arte que tú tienes.