CÓDIGO:

lunes 8 de febrero de 2010

Mª LUISA


Tener trabajo hoy día es una maravilla, un privilegio, pero si además, se tiene la suerte de compartir ese trabajo con gente estupenda, que alegra el día, que hace reír y contagia optimismo y buen rollo, da la impresión de que ya no se puede pedir más ¿verdad?
Pues sí señor (o señora), todavía se puede tener más, y es conocer personas que van pasando a nuestro lado, en principio, de forma temporal, pero que al final, resulta que aunque se tengan que ir, se quedan para siempre, porque dejan un recuerdo estupendo, una sensación de haber tenido al lado "buena gente", de la que se hace querer, de la que está con una sonrisa permanente llueva o truene, de la que hace que dos horas pasen volando y seis meses se evaporen sin darse cuenta.
Sólo hoy, a la hora de despedirnos porque el contrato se acabó, he visto empañarse un poco esa mirada alegre que la caracteriza, pero como ninguna queríamos "pringar el moco", hemos bromeado y nos hemos dicho no un adiós, sino un "hasta luego"
¡Qué caramba! Que por algo nos han dado a las dos un "Oscar", el mío tiene veintitrés años, el suyo diecinueve meses, pero las dos hemos fardado de madres lo que hemos querido.

Te esperamos, Mª Luisa
en futuros embarazos,
que los niños siempre vienen
con contratos bajo el brazo.

¡¡Besos!!

(En la foto, por la izquierda: Eduardo, Luis, Pablo, Mª Luisa, yo misma, Pedro, y agachado, Manolo)



sábado 6 de febrero de 2010

LOS LIBROS

Los libros, a veces, nos ayudan a olvidar los problemas, a evadirnos por un ratito de todo lo que nos acecha a lo largo del día. No puedo imaginarme nada mejor que una butaca cómoda ( si es mecedora, mejor todavía), una mantita, un café ( también vale un cola-cao) y un buen libro entre las manos, mientras los niños juegan y fuera cae una nevada de impresión.
A la niña de esta historia, también le ayudaron los libros a olvidar otras cosas mucho más feas en las que ella no quería pensar. (Fue una pequeña colaboración para la revista de la editorial Everest).
Espero que os guste. (Las fotos, como siempre, caseras, pero todo lo que les falta de profesionalidad, lo llevan en ilusión).

LA NIÑA MARÍA




La niña María
leía y leía
metida en su cama
de noche y de día


Historias preciosas
de hadas bondadosas
o libros de miedo
con brujas odiosas.







María se cree
todo cuanto lee
al abrir un libro
olvida quién es.








Se siente princesa
creé estar presa,
puede ser un duende
o una muñeca.




Las páginas vuelan
cual si aviones fueran,
haciendo a la niña
olvidar sus penas.









No ve batas blancas
ni pálidas caras,
vive las historias
que sus libros guardan






Fórmulas sagradas
y estrellas doradas
son las medicinas
de cada mañana.




Príncipes valientes,
guapos y sonrientes
son todos los médicos
que tocan su frente.







De un rey o un sultán
de un califa o un zar
es este palacio,
no es un hospital.








Libros de colores
con niños y flores
adornan sus días
calmando dolores





Y cuando María
viva ese gran día
que regrese a casa
cargada de vida






Seguirá riendo,
seguirá leyendo
otros libros nuevos
que irá conociendo.


















La niña María,
llenita de vida
leía ya en casa
de noche y de día.

miércoles 3 de febrero de 2010

EL DÍA DE LA PAZ

Aunque la celebración oficial del “Día de la Paz” ya se haya pasado, me gustaría compartir con vosotros la mejor manifestación de ese deseo, porque al fin y al cabo, cualquier día del año es bueno para recordarlo.

viernes 29 de enero de 2010

CONVERSACIONES


Los medios de comunicación nos bombardean estos días con dramáticas imágenes de lo ocurrido en Haití. En uno de esos momentos, mi pequeño se queda mirando la pantalla y me pregunta: “¿Eso qué es?” Así que intento explicarle lo mejor que puedo, lo que está viendo, sin mentir, pero sin decir la verdad del todo, porque ya tendrá tiempo de conocer la pena y la miseria que puede haber en la vida.
“Verás, cariño- le digo- es que ahí, en ese sitio, está todo muy descolocado, algunas casas eran tan viejas que se han caído y claro, ha quedado todo un poco sucio, por eso van muchas personas para ayudar, para hacer casas nuevas, para llevar comida y entre todos, que queden las cosas mejor colocadas y limpias ¿me entiendes, hijo?”
Entonces, se da la vuelta, me mira muy serio y me dice: “Mamá, lo que ha pasado ahí es que ha habido un terremoto”, y se queda tan ancho, mirándome como pensando . “pobrecita, si no se lo explico yo, mi madre no se entera”. Y después dice: “Quita esto que es muy triste”. Y tiene razón, es tan triste que a veces es mejor cerrar los ojos y no ver nada más, aunque sea mientras él está a mi lado.
Con la misma serenidad, al cabo de unos minutos, mientras juega junto a mí, me dice: “¿Tú sabes lo que hay que hacer en un “simulatro” de incendio?” Juro que se me cae el libro que estaba leyendo de las manos, y le pido que me lo explique (lo va a hacer se lo pida yo o no): “Pues mira, nos han “decido” que en los “simulatros” hay que estar muy tranquilos, salir de la clase con calma y juntarnos todos en la cancha del patio, pero tranquilos”
Tiene razón, yo he participado en varios “simulatros”, y la verdad es que estamos todos la mar de tranquilos, ojalá nunca perdamos la calma, porque eso significará que hemos dejado de practicar para pasar a la realidad, en la cual se olvida uno de todo lo aprendido y pierde los nervios.
La última de niños por hoy: “¡Mamá, quiero tener un “gánster”!”
Yo me llevo cada susto con estos niños que “lo flipas”, como dicen ellos.
¿Un gánster? Si ya somos seis en casa ¿dónde meto yo un gánster con lo que deben de ocupar esos señores metralleta en mano?
“Es que todos mis amigos tienen uno de mascota y yo lo quiero…”
¡Ah, bueno! Si todos, absolutamente todos sus amigos tienen uno, entonces la cosa cambia.
Estoy por comprar un ratoncito y ponerle de nombre “Al Capone”
¡¡Qué pena que crezcan!! ¿Verdad? (Los niños, no los ratoncitos)

miércoles 27 de enero de 2010

¿QUIÉN DA MÁS?





Esta imagen aparece en Internet y se supone que ha sido tomada en alguno de los innumerables mercadillos que pueblan nuestra geografía.
¿Qué hay que hacer ante esto? ¿Reír o llorar? ¿Lo podemos considerar como un nuevo plan de fomento a la lectura? ¿O tal vez llegue uno a la conclusión de que para terminar de regalo en un puesto de bragas es mejor dedicarse a otra cosa?
Cada uno sacará sus conclusiones.
Lo que no puedo evitar es preguntarme “¿Pero tan poco le gusta a la gente leer?” y esto me lleva al artículo escrito por Juan Manuel de Prada, titulado “Campañas de lectura”, (XL Semanal 1.161) en el que dice que “estas van dirigidas a la creación de consumidores de libros y no de lectores (…) porque la lectura es una actividad a la que sólo acceden los espíritus libres y la publicidad se dirige a los espíritus cautivos”.
No es que esté en total desacuerdo con él, es cierto que no se puede “obligar” a leer, que no es la mejor manera de enseñar a nuestros escolares a que se aficionen a algo que debe ser eso, una afición, un premio que nos damos voluntariamente y no un castigo que nos imponen, pero también es cierto que si de todos esos consumidores de libros de lectura impuesta, salen al menos unos cuantos lectores libres, el esfuerzo habrá merecido la pena.
También les obligan a estudiar integrales y derivadas, ecuaciones de tercer grado y la reproducción de los pollos, por ejemplo; información que sólo un número concreto de esos estudiantes van a necesitar en el futuro según el rumbo que tome su vida profesional.
Por lo tanto, habrá que seguir intentando que lean, como intentamos cada día que estudien, hagan deporte o coman adecuadamente. Es una labor, como siempre, conjunta, entre padres y profesores, por supuesto, pero desde aquí mando un S.O.S a los encargados de seleccionar los libros que se van a leer durante el curso, porque a veces les mandan (obligan, imponen…) cada “cayo malayo”, que sólo serviría para estar en el puesto ese de la imagen (con perdón de las bragas).

jueves 21 de enero de 2010

¿JUGAMOS A LIBROS?

martes 19 de enero de 2010

TODO ESTÁ INVENTADO




Repaso con mi hijo la caída del Imperio Romano, bueno, él lo repasa, yo lo estudio porque no me acordaba de nada, y llego a la conclusión de algo que ya se ha dicho muchas veces, y es que la historia no hace más que repetirse.

Resulta que desde la Edad Antigua, Roma dominaba la tira de sitios y además todo el Mediterráneo, pero en el siglo III (que ya llovió) vive una crisis económica, política y social que parecía imparable (¿De qué me suena a mí esto de una crisis…?) En el 395, el emperador Teodosio (el Zapatero de aquellos tiempos) trata de salvarlo de la dichosa crisis, y para ello, tiene la feliz idea de repartirlo entre sus dos hijos, Arcadio y Honorio, que se quedan con la parte de Oriente y Occidente respectivamente, y vamos, el bueno de Arcadio consigue ir rechazando las invasiones de los bárbaros y mantener en pie el imperio de Oriente hasta bien entrado el siglo XV (le ayudarían otros, porque él no viviría diez siglos, digo yo).Pero hete aquí, que el otro “tuercebotas”, el tal Honorio, en dos días echa por tierra el trabajo de su padre, que si hubiese levantado la cabeza se hubiera muerto otra vez al ver la que había liado el “gualtrapas” de hijo que tuvo.

Primera conclusión: que los hijos, aunque estén criados de igual manera y en el mismo ambiente, tienen cada uno una forma de ser y no hay más vueltas que darle. Que no es que haga falta remontarse a los tiempos de Teodosio para darse cuenta, vamos, que esto lo sabe cualquiera, pero me llama la atención ver que no hemos innovado nada, que lo que pasa ahora, ya pasaba hace tiempo. Mira Caín y Abel, existirían o no, vaya usted a saber, pero por lo menos, ya nos los describen bien distintos.

Sigo estudiando, y resulta que al llegar al Imperio Bizantino, dicen que una de las causas por las que este también se vino abajo en el siglo XI fue debido a una gran crisis motivada a su vez por las luchas para lograr el trono imperial.

¡Ostras! ¡La crisis otra vez! Igualito que ahora, y por el mismo motivo: la lucha por el poder. Me da igual que entonces fuese la lucha por conquistar tronos imperiales y ahora haya sido la lucha por conquistar el dinero, la ambición que, según explican los expertos, han tenido los banqueros de todo el mundo, y que desde su esfera omnipotente e inalcanzable, nos han enviado a los de abajo una crisis, como las de siglos pasados, que puede acabar con la caída de otro imperio, el de los currantes.

Otra conclusión: (que no descubro yo, desde luego) La historia se repite, todo lo que vivimos ahora ya lo han vivido antes mil veces, pero parece que no aprendemos.

Dice Sir Crispin Tickell , de quien leí un artículo en XL Semanal del pasado domingo 17 de enero, que “antes que nosotros hubo treinta civilizaciones urbanas…y todas se fueron al garete”.

Yo quiero ser optimista y pensar que cuando dentro de cientos de años, los niños repasen con sus madres las lecciones de Historia , leerán en sus libros virtuales (o lo que sea que tengan), que hubo treinta civilizaciones que se hundieron en la miseria, pero que la número treinta y uno (la nuestra), supo salir a flote, aprendió de sus antecesores en la vida, y evitó caer en los mismos errores (caerían en otros, pero no en los mismos).
Vamos a pensar que todo va a ir bien, que si Teodosio, Justiniano, Clodoveo y todas sus crisis no fueron eternas, esta tampoco lo va a ser, así que, hala, vamos a tomarnos un refresquito pensando que cualquier tiempo pasado no fue mejor, fue parecido.

¡Va por ustedes, romanos!