Tengo yo un amigo la mar de majo, andaluz de pura cepa, con ese arte que tienen por las tierras del sur, que yo creo que es por el calorcito, que les imprime un caracter especial.Este amigo, como dicen los chavales, escribe "que te cagas", y no se le pone nada por delante a la hora de presentarse a concursos: bases que caen en sus manos, certamen al que va como una flecha. Campea por concursos y premios diversos a su libre albedrío, con la confianza que da la experiencia, y la alegría que acompaña todo lo que hace, como un cascabel que pone una nota de gracia por donde quiera que pasa.
Muchas veces hemos comentado el tema de que en algunos certámenes (muchos), no permitan peresentar un texto que a la vez está siendo presentado a tro. Esto es un engorro que te puede tener un año entero sin poder presentar ese escrito a otros certámenes, pero bueno, es un requisito y cuando uno se presenta, se supone que acepta las bases.
"¡Pero, mujer, tú no le eches cuenta a eso!- me dice- Anda que no tienen que darse casualidades para que se enteren de que lo has presentado en varios sitios a la vez!"
Y tiene razón, ya lo sé, porque tiene que coincidir que ganes un concurso y otro para que se descubra la "trampa", pero bueno, aunque es difícil, siempre queda un "por si acaso" que llama a la prudencia. Pero para mi amigo, la "Prudencia" no es más que una vecina de su madre, sorda como una tapia, igual de sordo que se vuelve él cuando le llamo la atención sobre su confianza al no ajustarse a los requerimientos de los concursos.
"Que no pasa nada, que se tendrían que poner de acuerdo todos los astros del firmamento para confabular en contra mía y que se me diesen tan malamente las cosas. ¡Relájate, mujer! Hay que ver lo nerviosa que eres"
Sí, sí, yo seré nerviosa, pero... Claro está que los astros no andan por ahí confabulándose todos los días, pero el día que les da por hacerlo, se confabulan de narices...
La última ocurrencia que tuvo mi confiado amigo, fue presentarse a un concurso en el que era requisito imprescindible ser universitario. Él, que la universidad la dejó atras hace veintitantos años, tuvo la feliz idea de enviar al certamen, no una, sino dos novelas, eso sí, a nombre de sus dos hijas, que estas sí que son universitarias.
"Son tres mil euros de las antiguas pesetas, niña- me decía con gracejo cuando me eché las manos a la cabeza después de contarme su atrevimiento- y estamos en crisis, no se puede andar por ahí desperdiciando oportunidades. No te preocupes, que no voy a ganar, no pasa nada, chiquilla, no pasa nada"
Pero pasó.
Y pasó bien pasado, porque ganó el certamen con una de las novelas, y con la otra quedó finalista.
Casi me quedo sin amigo andaluz del chorreo que le cayó de sus dos hijas.
"¡¡Manda huevos, leonesa- que así me llama a veces- manda huevos la mala suerte que he tenido al ganar!!"
Ahora llora por los rincones la pena de haber metido a sus hijas en un lío con la universidad puesto que si el pastel se descubre, ellas estarían cometiendo un fraude; y se tira de los cuatro pelos que le quedan al darse cuenta de que no tiene más que dos posibilidades: renunciar al premio para no fastidiar a sus hijas que hace días que no le hablan, o arriesgarse y ver publicadas sus novelas con un nombre que no es el suyo.
"Mis primeras novelas publicadas, y no podría decirlo, ni firmarlas, ni recibir las felicitaciones de nadie. ¿Cómo voy a dejar que esos libros lleven el nombre de mis hijas, por muy hijas mías que sean, si los he escrito yo? ¡Me he convertido en un "negro"! A mis años me he convertido en un vulgar "negro"!, y esto duele mucho, leonesa, esto duele en el alma"
Para no echar más leña al fuego, que ya bastante calentito está, lo único que he hecho ha sido darle una palmadita telefónica en el hombro, porque no le he visto personalmente todavía, y tratar de calmarle un poco, porque comprendo cómo se tiene que sentir y me da pena escuchar ese llanto lastimero en alguien que normalmente es la alegría de la huerta.
Definitivamente ha renunciado al premio, bueno, él no, sus hijas, que no sé qué disculpa habrán puesto para justificarlo ante el jurado, pero aunque me conmueve lo mal que lo ha pasado, espero que haya aprendido la lección.
"No se me vuelve a ocurrir, de eso nada. Mala bomba caiga del cielo y explote aquí mismo si digo mentira"
Pero esta mañana me ha llamado para decirme que se va a presentar al Planeta, y con la misma novela, al Azorín.
"¿Pero tú me ves a mí ganando el Planeta, alma de cántaro? ¡Que no, mujer, que no! Que lo hago para probar, que no pasa nada"
Yo no digo nada, pero a mí estas pruebas no me gustan, que nunca pasa nada...hasta que pasa.
Va por ti, niño, por el cariño que te tengo y lo mal que te sienta la tristeza con el arte que tú tienes.
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domingo, 1 de marzo de 2009
viernes, 20 de febrero de 2009
Más sobre concursos
Tiene razón mi amiga Marian (Asunción) cuando dice que me gustan los concursos. Es verdad, sobre todo, los que he ganado yo…
Es broma. Digo lo que comentaba el otro día, que me parecen una buena escuela y sobre todo, un buen trampolín porque ayudan a llegar a los demás a través de las publicaciones que conllevan algunos premios, pero comentaba que también me han servido para aprender algunas cosas, o al menos, para tenerlas más claras.
Es verdad lo que dice Marian, que un comentario sobre un texto presentado a un concurso puede ser demoledor o no, dependiendo de las manos en las que caiga, y eso mismo me pasó a mí.
Presenté una novela al Premio Primavera, es un premio internacional al que se presentan novelas escritas en habla hispana desde cualquier parte del mundo. En esa ocasión fueron unos quinientos ejemplares, creo recordar. En las bases ofrecían un comentario sobre el texto que se podía recoger el día del fallo en el hotel de Madrid en el que se daba la rueda de prensa. Como no vivo en Madrid, le pedí a mi cuñado que me lo fuese a buscar y así lo hizo.
Yo ya sabía que no lo había ganado, claro, pero esperaba ansiosa el mencionado informe. Nada más recogerlo, mi cuñado me llamó por teléfono y muy con mucho tacto me dijo: “Beti, maja, te han dado para el pelo, te han puesto buena”
Estuve dos días catatónica. Me leyó la crítica que habían escrito sobre mi novela y me derrumbé, me deprimí, me vine abajo y me costó Dios y ayuda llenar el pecho de aire en unos días. Sin embargo, la información estaba un poco sesgada, quiero decir que sí, lo que me leyó por teléfono era cierto, pero…
Cuando tuve la carta en mis manos y la pude leer yo misma, vi que la cosa cambiaba. Mi novela tenía dos informes. En el primero, que mi cuñado pasó por alto inocentemente, sin darse cuenta de la importancia que podía tener para mí, se me felicitaba por la novela, por el texto tan bien redactado, por los personajes bien definidos y el acierto en el enfoque de la temática al tratar temas de actualidad. Aconsejaban una segunda lectura quedando la novela entre las veinte finalistas seleccionadas para otra ronda de valoraciones.
Hombre, quedar entre las veinte últimas entre quinientos ejemplares, no es ganar un certamen, pero bueno, es bastante alentador.
¿Qué pasó después? Pues que los que leyeron la novela por segunda vez no pensaron igual que los otros, creyeron que era susceptible de mejorar en muchos aspectos, me aconsejaban matizar más algunas líneas de los personajes… Era lo mismo que me había leído mi cuñado por teléfono, pero ya no me pareció tan grave.
Aprendí mucho, porque vi claro que el mismo texto leído por personas diferentes puede pasar de ser una maravilla a ser muy mediocre, y esto nos pasa a todos, claro, unos leemos un libro y nos encanta y cuando se lo recomiendas a alguien, resulta que no le dice nada, pero lo que entre nosotros no tiene mayor importancia que asumir que cada uno tiene su gusto, en un jurado tiene la trascendencia de que el premio lo gane uno o lo gane otro.
Yo también he tenido la oportunidad de formar parte en el jurado de algunos premios, y una vez que se han desechado los que no cumplen las bases, los que tienen faltas de ortografía garrafales, los que no tienen ni el menor sentido de lo que es contar algo, quedan un grupo con estilo impecable, con historias maravillosamente contadas, con lenguaje cuidado… de entre los cuales debe salir el ganador, y que podría ser perfectamente cualquiera de ellos.
Al final, se llega a un acuerdo porque hay uno que “gusta” más que los otros, pero lo de “gustar” es tan relativo, que mientras no se invente un “gustómetro” para medir la intensidad del gusto y poder tener un criterio fidedigno, es algo tan subjetivo, que la obra ganadora es tan buena como la finalista o como las otras que se quedaron dentro de la última selección.
(Esto en los concursos limpios, en los otros no lo sé porque no lo conozco, aunque me lo puedo imaginar).
Yo sí que animo a la gente a participar en certámenes literarios, como experiencia, a veces enriquecedora y a veces frustrante, como la vida misma.
Por cierto, yo volví a escribir la novela. Cuando logré ver el lado positivo de aquel informe tan negativo la reescribí siguiendo los consejos que me habían dado y la verdad es que quedó mucho mejor.
Así que, hala, a escribir todo el fin de semana, y a disfrazarse, que es carnaval.
Es broma. Digo lo que comentaba el otro día, que me parecen una buena escuela y sobre todo, un buen trampolín porque ayudan a llegar a los demás a través de las publicaciones que conllevan algunos premios, pero comentaba que también me han servido para aprender algunas cosas, o al menos, para tenerlas más claras.
Es verdad lo que dice Marian, que un comentario sobre un texto presentado a un concurso puede ser demoledor o no, dependiendo de las manos en las que caiga, y eso mismo me pasó a mí.
Presenté una novela al Premio Primavera, es un premio internacional al que se presentan novelas escritas en habla hispana desde cualquier parte del mundo. En esa ocasión fueron unos quinientos ejemplares, creo recordar. En las bases ofrecían un comentario sobre el texto que se podía recoger el día del fallo en el hotel de Madrid en el que se daba la rueda de prensa. Como no vivo en Madrid, le pedí a mi cuñado que me lo fuese a buscar y así lo hizo.
Yo ya sabía que no lo había ganado, claro, pero esperaba ansiosa el mencionado informe. Nada más recogerlo, mi cuñado me llamó por teléfono y muy con mucho tacto me dijo: “Beti, maja, te han dado para el pelo, te han puesto buena”
Estuve dos días catatónica. Me leyó la crítica que habían escrito sobre mi novela y me derrumbé, me deprimí, me vine abajo y me costó Dios y ayuda llenar el pecho de aire en unos días. Sin embargo, la información estaba un poco sesgada, quiero decir que sí, lo que me leyó por teléfono era cierto, pero…
Cuando tuve la carta en mis manos y la pude leer yo misma, vi que la cosa cambiaba. Mi novela tenía dos informes. En el primero, que mi cuñado pasó por alto inocentemente, sin darse cuenta de la importancia que podía tener para mí, se me felicitaba por la novela, por el texto tan bien redactado, por los personajes bien definidos y el acierto en el enfoque de la temática al tratar temas de actualidad. Aconsejaban una segunda lectura quedando la novela entre las veinte finalistas seleccionadas para otra ronda de valoraciones.
Hombre, quedar entre las veinte últimas entre quinientos ejemplares, no es ganar un certamen, pero bueno, es bastante alentador.
¿Qué pasó después? Pues que los que leyeron la novela por segunda vez no pensaron igual que los otros, creyeron que era susceptible de mejorar en muchos aspectos, me aconsejaban matizar más algunas líneas de los personajes… Era lo mismo que me había leído mi cuñado por teléfono, pero ya no me pareció tan grave.
Aprendí mucho, porque vi claro que el mismo texto leído por personas diferentes puede pasar de ser una maravilla a ser muy mediocre, y esto nos pasa a todos, claro, unos leemos un libro y nos encanta y cuando se lo recomiendas a alguien, resulta que no le dice nada, pero lo que entre nosotros no tiene mayor importancia que asumir que cada uno tiene su gusto, en un jurado tiene la trascendencia de que el premio lo gane uno o lo gane otro.
Yo también he tenido la oportunidad de formar parte en el jurado de algunos premios, y una vez que se han desechado los que no cumplen las bases, los que tienen faltas de ortografía garrafales, los que no tienen ni el menor sentido de lo que es contar algo, quedan un grupo con estilo impecable, con historias maravillosamente contadas, con lenguaje cuidado… de entre los cuales debe salir el ganador, y que podría ser perfectamente cualquiera de ellos.
Al final, se llega a un acuerdo porque hay uno que “gusta” más que los otros, pero lo de “gustar” es tan relativo, que mientras no se invente un “gustómetro” para medir la intensidad del gusto y poder tener un criterio fidedigno, es algo tan subjetivo, que la obra ganadora es tan buena como la finalista o como las otras que se quedaron dentro de la última selección.
(Esto en los concursos limpios, en los otros no lo sé porque no lo conozco, aunque me lo puedo imaginar).
Yo sí que animo a la gente a participar en certámenes literarios, como experiencia, a veces enriquecedora y a veces frustrante, como la vida misma.
Por cierto, yo volví a escribir la novela. Cuando logré ver el lado positivo de aquel informe tan negativo la reescribí siguiendo los consejos que me habían dado y la verdad es que quedó mucho mejor.
Así que, hala, a escribir todo el fin de semana, y a disfrazarse, que es carnaval.
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