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sábado, 21 de marzo de 2020

¿QUÉ ES SER POETA?



     Poesía infantil para contar a los niños y niñas precisamente, eso, lo que es ser poeta, lo que significa escribir poesía, porque tal vez muchos de ellos lo sean sin siquiera saberlo.



sábado, 13 de febrero de 2016

"ESTA HISTORIA" DE BARICCO


Daniel Casado nos da hoy su opinión sobre este libro.

       Nos encontramos ante la que puede ser, desde mi punto de vista, la obra cumbre de Alessandro Baricco.
      Tras los viajes narrados en “Seda”, tal vez el libro más conocido de este autor, Baricco nos presenta la historia de un amante de los automóviles que tiene como único sueño en la vida mostrar al mundo sus vivencias de una manera un tanto especial.    
      La peculiaridad con la que trata Baricco esta obra es que el protagonista, Último Parri, nunca es el personaje principal de las historias que nos cuenta, sino que le conocemos a través de otros personajes secundarios que nos van hablando de él.
       La puesta en escena de los elementos que caracterizan a Último, hace que no le demos importancia individual, pero la visión colectiva tras la lectura completa, desvelará su maravillosa vida, haciendo que el lector no pueda pensar en otra cosa, logrando que su único deseo se convierta en hacer realidad los sueños de Último, consiguiendo que no se pueda dejar de leer " Esta Historia”.
       Totalmente recomendable la lectura de este libro, así que, como siempre, os dejo el enlace por si queréis comprar este o algún otro libro del mismo autor.


                            

sábado, 9 de julio de 2011

Y ENTONCES... UN LIBRO.



       Uno de los mejores recuerdos mi infancia son las tardes del caluroso verano de Castilla en casa de mis abuelos. Esas primeras horas posteriores a la comida, en las que un sol asfixiante quitaba la menor intención de asomarse al patio.

Ni la televisión  a todas horas, ni el ordenador, habían hecho irrupción en nuestras vidas como ahora, así que, la mejor opción para los mayores era un ratito de siesta: mi abuela en el diván de la cocina, mi abuelo en el suelo de la "otra vivienda", apartado del mundanal ruido, (un día os hablaré de esa mítica "otra vivienda" en la casa de mis abuelos).
Entonces, con ese silencio caluroso, con esa luz que no perdonaba rincón alguno, yo me iba al salón de techos altísimos, de fotografías en blanco y negro, de trincheros con jarrones centenarios y paredes con papel de medallones, el salón con sofás nunca utilizados y vitrina con juegos de café en los que jamás tomó café nadie.
Un salón de esos que se reservaban a las visitas pero que sólo se visitaba para la limpieza general que hacía mi madre año tras año. Allí dormía la eterna mecedora, mirando a la ventana en  espera de alguien que gustase de mecerse en su asiento de skay verde, silenciosa en la esquina de la estancia, como el arpa de Bécquer: "del salón en el ángulo oscuro, de su dueño tal vez olvidada..."
Y entonces...un libro.
"El secreto del castillo de la luna", no se me olvida. Con las aventuras de aquellos "cinco" que Enyd Blyton nos hizo vivir a los adolescentes de la época, que no teníamos ni idea de quién era esa señora porque no estábamos como ahora a un "clic" de toda la información del mundo, pero que nos tenían encandilados con sus misterios y sus peripecias.
¡Qué tardes!  Apurando hojas a ver si se resolvían las incógnitas, consumiendo verano plácidamente hasta la hora de la merienda (preferentemente, pan y chocolate o bocadillo de chorizo), disculpando el calor con una historia entre las manos, y hasta dando los primeros pasos en el mundo de la escritura con unos cuentos manuscritos con las mismas manos y las mismas ilusiones que ahora teclean en el ordenador, cuentos que guardo desde entonces en un sobrecito de color azul como parte de mis mejores recuerdos, como prueba viva de que la escritura va inevitablemente de la mano de la lectura.
   Con la sana intención de que los recuerdos no se borren para siempre guardo en el salón de mi casa ( con muchísimo menos encanto que el de mis abuelos, por supuesto) la mecedora, los libros y hasta una de las tazas chinas de café, de aquellas que cada verano yo cogía de la vitrina para comprobar que al ponerla al  trasluz aparecía mágicamente la silueta de una señorita china dibujada en el fondo, y que el paso del tiempo borró para siempre.

Quién sabe si un día, todo esto formará parte de los recuerdos de mis hijos, si el salón de mi casa, la mecedora y las tazas de café de la vitrina, que hoy pasan desapercibidas a sus ojos, están formando, sin darse cuenta, el pasado que en el futuro añorarán con nostalgia.

Yo recuperaré algún día las tardes en la mecedora, los libros en mi regazo y la lectura durante horas en el silencio, algo incompatible ahora con la infancia de mis hijos, con su bullicio y sus juegos, que en modo alguno quiero perderme, porque si algo me ha enseñado la vida es que los momentos son irrepetibles, que los hijos crecen rapidísimo y que su infancia no regresa, así que, no seré yo quien se la pierda.
Mientras tanto leo a ratos, escribo a ratos y voy guardando libros y proyectos, porque los libros, como los sueños sin cumplir, son tan fieles que siempre nos esperan.




viernes, 19 de noviembre de 2010

UN LIBRO DIFERENTE



Una recomendación para los que quieran leer algo diferente, un cuento para niños grandes, una historia de inseguridades y de amor escrita por Mathias Malzieu, joven músico, cantante y escritor francés (Montpellier, 1974).

   El pequeño Jack tiene un corazón un tanto singular, tal vez porque él también es un muchacho singular que crece en un mundo en el que necesita sentirse fuerte para salir adelante.

    Perseguir su sueño de encontrar a la pequeña cantante se convierte en el hilo conductor de la historia, pero... cuidado, cuando los sueños se hacen realidad, nos damos cuenta de que no eran tan fáciles como cuando nos parecían inalcanzables.

    Ya se ha editado otro título del mismo autor y en la misma línea: "La alrgada sombra del amor", que aún no he leído.


   Os dejo también una música de esas que no molestan para leer: "Everyday". Carly Comando.



  




















                                                                                                            

miércoles, 8 de septiembre de 2010

¡¡MAMÁ!! ¡¡ME ABURRO!!

¿Cuántas veces habremos escuchado este "grito" lastimero de boca de nuestros hijos a los que ya se les hacen largas las vacaciones?
 Por estas latitudes el colegio está a punto de empezar, así que, para desearos suerte a padres e hijos, dejo aquí unos versos.












Me aburro, mamá
no hay nada en la tele                                                               
y no sé a qué jugar...

Nada me divierte,
no están mis amigos,
me tumbo en la cama                         
y me quedo dormido.

Merendé dos veces,
he visto tres videos,
repasé mis fotos,
y sigo aburrido.

¡Espabila, niño!                                        
Y mira a tu lado,
veo mil amigos
y tú no haces caso.

Te acompañan siempre,
te esperan callados.
En la estantería
están apilados.
Abre ahora un libro,
déjate llevar
por alguna historia
que te va a contar.

Mira en sus renglones,
escucha sus letras,
te hablan desde dentro
duendes o princesas.

Da igual si estás triste
o si estás contento,
un libro te quita
el aburrimiento.


                                ¡¡Feliz regreso al cole!!








            

viernes, 9 de julio de 2010

HUELE A VACACIONES

     


Al menos a este lado del Atlántico en el que los rayos del sol caen a plomo invitando al subconsciente a buscar alguna sombra, huele a vacaciones.
El griterío de los niños en la piscina, las maletas que descienden de su silencioso invierno en los altillos del armario, los bañadores que asoman su colorido, los planes para unos días que parece que van a ser eternos y pasan sin darnos cuenta, porque aunque todas las horas tengan sesenta minutos, no dura el tiempo lo mismo cuando se disfruta que cuando se espera... A todo eso huele estos días, y a más: a exámenes de oposiciones que se terminan (sin notas aún, pero se terminan), a libros y apuntes que se recogen aunque sea por una temporada, a sueños que empiezan y a otros que acaban. Al fin y al cabo, eso es la vida ¿no?


   Las calles de España se llenan estos días de camisetas rojas de orgullo
"futbolero"y yo me admiro de que un grupo de chavales corriendo detrás de una pelota pueda mover tanto (ilusiones, charlas, dinero...), pero me parece genial que eso ocurra porque en los tiempos que vivimos es fantástico que durante noventa minutos más o menos, se logre olvidar la crisis, la economía, el paro y la soledad para vibrar juntos con una sóla palabra que llena las calles al unísono "¡¡Gol!!" Pues a eso también huele, claro que sí, a banderitas patrias colocadas en las ventanas de nuestras casas, a ganas de ganar, a primeras veces históricas...Eso es bueno y desde aquí mis mejores deseos para este domingo en el que nuestra selección se la juega contra Holanda.
     Y sobre todo, estos días huele a libros ¿a que sí?
     No se me ocurre mejor compañero para estas tardes de sol y noches de frescura. Historias que nos mecen, que nos llevan... Estoy leyendo "El tiempo entre costuras" de María Dueñas, uno de los mayores éxitos editoriales españoles en este último año. Son seiscientas treinta y una páginas, así que
ya os contaré.

    Y también huele a compras, a centros comerciales atiborrados de gente que viene y va, que mira y llena su carro de cosas que el resto del año no compraría, pero "un día es un día", y "mamá por favor, por favor, que es lo último que te pido" (hasta dentro de cinco minutos, claro).





      Sea comprando, leyendo, escuchando música o esperando ansiosos esas notas que aún faltan (sin decir ni media palabra, para que los hijos no se den cuenta de que nosotros también nos ponemos nerviosos), sea como sea, lo importante es disfrutar de estos días, que después llega el invierno y por estas tierras es bien largo.
      Para los que me leen desde suelo español, feliz verano, y para los que lo hacen desde el otro lado del "charco", que sé que los hay y no saben cómo lo agradezco, envíennos un poco de aire fresco, que nos estamos cociendo...
    Abrazos a todos.

sábado, 6 de febrero de 2010

LOS LIBROS

Los libros, a veces, nos ayudan a olvidar los problemas, a evadirnos por un ratito de todo lo que nos acecha a lo largo del día. No puedo imaginarme nada mejor que una butaca cómoda ( si es mecedora, mejor todavía), una mantita, un café ( también vale un cola-cao) y un buen libro entre las manos, mientras los niños juegan y fuera cae una nevada de impresión.
A la niña de esta historia, también le ayudaron los libros a olvidar otras cosas mucho más feas en las que ella no quería pensar. (Fue una pequeña colaboración para la revista de la editorial Everest).
Espero que os guste. (Las fotos, como siempre, caseras, pero todo lo que les falta de profesionalidad, lo llevan en ilusión).

LA NIÑA MARÍA




La niña María
leía y leía
metida en su cama
de noche y de día


Historias preciosas
de hadas bondadosas
o libros de miedo
con brujas odiosas.







María se cree
todo cuanto lee
al abrir un libro
olvida quién es.








Se siente princesa
creé estar presa,
puede ser un duende
o una muñeca.




Las páginas vuelan
cual si aviones fueran,
haciendo a la niña
olvidar sus penas.









No ve batas blancas
ni pálidas caras,
vive las historias
que sus libros guardan






Fórmulas sagradas
y estrellas doradas
son las medicinas
de cada mañana.




Príncipes valientes,
guapos y sonrientes
son todos los médicos
que tocan su frente.







De un rey o un sultán
de un califa o un zar
es este palacio,
no es un hospital.








Libros de colores
con niños y flores
adornan sus días
calmando dolores





Y cuando María
viva ese gran día
que regrese a casa
cargada de vida






Seguirá riendo,
seguirá leyendo
otros libros nuevos
que irá conociendo.


















La niña María,
llenita de vida
leía ya en casa
de noche y de día.

lunes, 23 de marzo de 2009

Poner "fin"

Estoy terminando lo último que tengo entre manos, una novela en la que llevo inmersa casi tres años, y este momento es de los más emotivos que tiene la escritura.
No es que necesite llegar al final de una novela para darme cuenta de que me gusta escribir, sino que estos días en los que me ronda el final, siento emociones tan intensas que llego a pensar que estoy un poco pirada, de verdad.
¿Se puede uno llegar a poner nervioso por escribir el final de la propia novela? ¿Se pueden saltar las lágrimas al poner la palabra “fin”?
A mí me lo cuenta otro/a y me parto de risa además de recomendarle unas vacaciones en la montaña (por no decir un buen psiquiatra). Además le pongo de pijo para arriba, de memo, de prepotente y de presumido. Pero claro, por eso yo no se lo he contado nunca a nadie, porque son cosas para no contarlas, para vivirlas, aunque esta vez me decido a colgarlo aquí por si a alguien más le pasa, que piense que no está solo, que hay más pirados como él o ella.
Ya me ha pasado alguna vez que me he quedado como enganchada en los propios personajes, en la historia, me cuesta cerrar ese tema en el que he estado volcada mucho tiempo para pasar a otro, a otros personajes nuevos con otras historias que contar, y veo que esta vez me va a pasar lo mismo, que me voy a quedar un tiempo inevitablemente “colgada” de ellos.
Luego, viene al camino más difícil, ya sé que queda un largo recorrido de valoraciones y análisis por parte de los demás, pero es algo en lo que yo ya no puedo intervenir, lo que quería contar está contado, lo que necesitaba decir, ya lo he dicho, y me quedo tan a gusto, que sólo quiero cerrarla, darle a la tecla de imprimir y abrazar muy fuerte las emociones que encierran ese montón de folios que pasaron de estar en blanco a describir un tramo en las vidas de una serie de personajes, un historia, pero sobre todo, unos sentimientos que quiero hacer llegar a los demás.
El misterio es si el lector podrá sentirlo tal y como a mí me gustaría que lo sintiera. En realidad, esa es la magia de la escritura, saber si el que recibe el mensaje, lo recibe como yo he querido transmitirlo, porque si lo he logrado, todo habrá valido la pena, si no, hay tiempo de volverlo a intentar.
Por primera vez he tenido que escribir la última página de la historia y poner la palabra “fin” antes de haber escrito los dos últimos capítulos, pero es que lo necesitaba, no he podido esperar, quería asegurarme ese final, quería relajar la tensión de la parte última y decirme a mí misma que todo iba bien.
Después, he puesto una música linda, he cerrado la puerta de mi cuarto, y releído esa última página. Cuando me he dado cuenta de que se me estaba poniendo la piel de gallina, he pensado: “Ha quedado bien”.
¡Joer! Qué cosa tan complicada es esto de escribir, pero qué momentos tan especiales proporciona.

martes, 10 de marzo de 2009

Encuentro con alumnos del IES Padre Isla (León)

Ayer estuve en el Instituto Padre Isla de León, en un encuentro con los alumnos para charlar sobre el libro “Marioneta”.
Pasé un día de nervios que creo que disimulo bastante bien, pero que van por dentro y hay que ver lo que molestan. Hasta las cinco de la tarde, que era la hora en la que habíamos quedado, tuve un nudo en el estómago que sólo se me quitó cuando llegué allí y vi un grupo de jovencitos con mi libro en las manos, y como me pasa siempre, me entró una especie de escalofrío, una emoción especial al pensar que una parte de mi pasión había llegado hasta ellos.
Nunca llevo nada escrito ni preparado para que no dé la impresión de que voy a leer un discurso y ya está, quiero que me vean natural, cercana, como a mí me gustaría ver a autores de los que he leído algún libro que me ha gustado.
Les suelo hablar de cómo surge la idea de escribir el libro, en este caso, cómo se me ocurre tratar el tema del acoso escolar, les cuento alguna anécdota, les hablo de lo que me gusta escribir y leer, pero sobre todo, trato de explicarles lo que siento al escribir, y lo importante que es para mí poderme encontrar cara a cara con las personas que tienen la última palabra, con los que dicen si lo que he querido transmitir les ha llegado como yo quería, si lo que yo sentí al escribirlo lo han sentido ellos al leer el texto, porque si ha sido así, todo habrá merecido la pena.
Me gustó estar con ellos porque participaron con sus comentarios y preguntas, y eso es importantísimo porque si no, el encuentro se convierte en un “desencuentro” y se pasa fatal.
Desde aquí les agradezco que me acogiesen con tanto cariño, y les felicito a ellos por lo majos que son, y a sus profesores por hacer lo posible para que saboreen ese fascinante placer que es la lectura.
Si yo he podido contribuir un poco, doy por bien empleados los nervios que paso antes de ir.

martes, 3 de febrero de 2009

Hablemos de libros

No es que vaya a ser "monotema" y a estar todos los días hablando de libros solamente, pero es que acabo de leer uno que me gustaría comentar y recomendar. Se titula "Escritores y editoriales, modo de empleo", de la editorial Hipálage, escrito por José Miguel Desuárez, el editor de mi libro "Cantando los cuarenta".
Más que leerlo, lo he devorado, se lo comentaba a él, como si de una novela de misterio se tratase, porque está escrito por alguien que es editor y autor a la vez, y nos ofrece la perspectiva que puede contemplarse desde esos dos puntos de vista. Algunos capítulos hablan de los concursos literarios, de cómo presentarse o cómo no a una editorial, de los talleres literarios... en fin, de muchos temas que nos resultan tan cercanos a los que nos movemos en este laberinto de contar cosas. Nos cuenta con toda la sinceridad del mundo cómo está el panorama editorial (tengo que decir que este capítulo me deprimió mucho), y también aporta consejos muy valiosos a la hora de escribir.
Se lee del tirón porque José Miguel no se anda por las ramas, dice las cosas con una claridad que no deja lugar a dudas, y de verdad que aporta muchas verdades que aunque son sobradamente conocidas, necesitamos que nos las recuerden de vez en cuando.
Cuando lo terminé, me dije a mí misma: "Bueno, y entonces ¿qué pintas tú aquí tratando de componer una historia tras otra, dando forma a mil ideas, llenando de ilusión cada uno de tus días creyendo que lo que haces tiene un sentido?"
Todos los errores que se citan en el libro, y que suelen cometer los escritores, los cometo yo, todas las alusiones que hace a la impaciencia a la hora de presentar un escrito o de ilusionarse con un concurso, todo eso lo hago yo, a veces me dio la sensación de que Jose Miguel lo escribía pensando en mí, pero en honor a la verdad, tengo que decir que también me identifiqué con muchas cosas positivas que comenta: la necesidad de escribir, el hacerlo por puro gusto, el superar mil trabas para encontrar ese ratito de calma al final del día en el que poder sentarse delante del ordenador y disfrutar de la emoción de ver una idea hecha palabras.
Pienso que es a esto a lo que tengo que agarrarme para seguir flotando en este mar en el que me siento como una cascarita de nuez dando tumbos entre las olas. Es esto lo que quiero pensar, tener las ideas muy claras, no olvidar nada de lo que dice José Miguel en su estupendo libro, saber que nadie dijo que esto fuese fácil, pero mantener viva la ilusión de escribir, de hacerlo cada día una pizquita mejor, de aprender, de seguir intentando repartir mi día prestando atención a todo lo que pueda y arañar ese minuto para mí y mis historias.
Tengo que hacerlo por una sencilla razón, porque si no escribo me falta algo, me da un yuyu, me pongo impertinente y nerviosa, no me aguanto ni yo, y eso no puede ser bueno para la salud.
(Aunque a veces sea super complicado hacerlo, aunque ahora estén mis hijos pequeños revoloteando por aquí y hablando conmigo como si nada, aunque me lleven la atención mil veces y tenga que releer lo que he puesto).
No es que quiera seguir escribiendo, es que tengo que hacerlo, y como sé que hay "cienes y cienes" de escritores a los que les pasa como a mí, pues nada, a darnos ánimos y a seguir adelante.

Besos, abrazos y apechugones