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domingo, 28 de octubre de 2012

UNO DE RECUERDOS



Un relato que emana nostalgia, que en este tiempo otoñal se cuela por las rendijas de los sentimientos, despacito, como las hojas que alfombran el parque, sin hacer ni un ruido, pero cubriéndolo todo con su presencia.

PARA QUE NUNCA SE ACABE EL OTOÑO

Quiero escribir una carta al recuerdo, antes de que se me olvide.
 Recordar es ahora lo único que me queda, porque recordar es vivir un poco otra vez, traer al presente todo lo que se puede, aunque solo sea al presente de la mente.
  Si dentro de poco ya no podré tampoco acordarme de nada, no me importará lo que sea de mí, un cuerpo sin mente no es más de lo que puede ser un banco del parque o un mueble en una casa, o como dicen, muy bien dicho, un vegetal, al que tan solo hay que echarle un poco de agua para que se mantenga.
  No, yo no quiero ser un vegetal, yo no quiero ser la abuela que ya no se entera de nada y que traen de casa en casa como un equipaje que, en realidad, nadie quiere tener consigo.
  Yo tengo mi propio equipaje. ¿O es que los sentimientos no son nada? ¿O es que lo que yo he vivido no tiene ya sentido alguno?
  Para mí, lo tiene todo, es mi vida, y me empeño cada día en no olvidarla. Tal vez este ejercicio de memoria me ayude a retrasar la inevitable llegada del olvido.
   Tan sabia como es la Naturaleza, algunas cosas no ha sabido hacerlas muy bien. No entiendo por qué al llegar a esta edad, ahora que llevo ochenta años intentando ganarme el derecho de vivir tranquila, tengo que asistir como un espectador a mi propio deterioro mental.
  No me gusta, y no es justo.
  No quiero ver cómo se me olvidan las cosas, me niego a que dentro de unos meses no sepa abrocharme los botones, no estoy dispuesta a tener delante a mis hijos y no  reconocerles.
 ¿Por qué tengo que admitir que me olvide de lo más importante que tengo? : Mi vida,
 esta vida en la que a veces un día puede hacerse eterno y en la que tantos años parece que se hayan pasado en un segundo.

miércoles, 8 de julio de 2009

Hoy he recibido una carta de Sole, mi amiga argentina, fan incondicional de Tristán Saldaña (mi primer “hijo” de papel). En ella me dice que dos de sus alumnos, que no son aficionados a la lectura quedaron encantados con las historias de este “niño” al que le tengo tanto cariño como gracias a él he recibido de los chicos y chicas que lo han leído. Me cuenta cosas preciosas que me entran por los ojos y me salen por las manos en forma de letras, dirigidas en esta ocasión a esos dos niños argentinos que sin saberlo, a través de su profesora Sole, me han alegrado el día.
Tristán se ha empeñado en escribirles, este chico es así de espontáneo, así que, aquí va su escrito, espero que con él les llegue todo mi afecto, por niños como estos merece la pena seguir escribiendo.

Carta a Pablo Y Cristian:

Hola, chicos, soy Tristán Saldaña. ¿Qué tal os va la vida?
A mí, lo de escribir cartas no se me da nada bien, pero la pesada de mi abuela se ha empeñado en que os mande una porque habéis leído mis historias en la escuela y dice que os hará ilusión recibir “unas letras mías”. Como ella se siente feliz cuando nos llega alguna carta (aunque sea el recibo de la luz), se cree que a todo el mundo le pasa lo mismo, así que os escribo, aunque sólo sea para que deje de darme la brasa todo el día. Lo siento amigos, pero si conocieseis a mi abuela, me entenderíais.
¿Así que ahí también os obligan a leer libros durante el curso? Está claro que los profesores son todos iguales aunque pase un mar entero entre mi escuela y la vuestra. Se ve que es así, que nacen con la manía de que a toda la gente le tiene que gustar leer, nacen profesores en sí mismos, no son niños o niñas como los demás, no tienen juguetes, ni dicen mentiras, ni juegan al fútbol, son profesores y su vida consiste en mandarte leer libros y suspenderte en los exámenes.
Yo no les tengo manía, algunos incluso me caen bien, pero son ellos los que la han tomado conmigo, y este último año me han hecho repetir curso.
Mi abuelo dice que llegará un momento en el que yo sea más mayor que los propios maestros, pero lo dice para desanimarme porque su ilusión sigue siendo que un equipo grande de fútbol me fiche y salgamos todos de pobres. Yo no quiero decepcionarle, pero vamos, al ritmo que voy, no me veo jugando en el Madrid, la verdad, porque sigo sin ser muy hábil con el balón.
Estos días, por aquí, se habla mucho de los últimos fichajes que se han hecho, y a mi abuelo eso le influye que no veas, oye cifras de noventa y muchos millones de euros, y le ves allí, sentado en el corral, con una calculadora de hace mil años, haciendo las cuentas de todo lo que podríamos hacer nosotros con ese dinero.
-¡A mí no me caben tantos ceros en este aparato, hijo!- dice desesperado de darle a la tecla- Yo no sé cómo lo hacen, seguro que los del fútbol tienen calculadoras más grandes, porque a mí tantos números se me escapan.
¡Claro que se le escapan! Es que sólo a él se le ocurre hacer esos cálculos, pero yo le dejo que sueñe, porque así está entretenido, y como mi abuela le ayuda, estoy un rato a mi aire, que no es fácil.
-¡Y apunta también una lavadora nueva, y una tele para la cocina…! Y bueno, si sobra algo, compramos un congelador grande para los chorizos.
Ya me han puesto hasta nombre artístico, como acaban de fichar a Ka-Ká y a Cristiano Ronaldo, mi abuela me ha rebautizado:
-Tú podrías llamarte “Pis-Pís”, o Cristiano Tristaldo. ¿A que es buena idea?
¡Vamos! Una idea estupenda, y nada copiada, de lo más original.
Mientras tanto, no me queda más remedio que echar un partidillo con los chicos del pueblo, pero estos no son tan benevolentes como mis abuelos, ellos no me ven “estrella” todavía:
-¡Jo! Tristán, es que no das una, tío, eres un auténtico muermo. No se puede estar de portero y a la vez cambiarle la rueda a la bicicleta, que nos han colado veinte goles, chaval…
Bueno, bueno, menos criticar, que a mí me habrán colado unos goles, pero el otro portero lleva toda la tarde sentado en el suelo leyendo una novela de vaqueros…
¿Y por ahí qué tal os va? Ahora debe de estar empezando el invierno ¿no?
¡Como mola que viviendo en el mismo mundo, en cada sitio sea una cosa distinta, porque aquí está empezando el verano y nos morimos de calor!
Pero yo estoy contento porque ha venido mi amigo Lejía. ¿Os acordáis de él?
Le explico que estoy escribiendo una carta para unos amigos de Argentina, y como tiene que estar en todo lo que yo haga, aquí os pone unas letras él también, en su particular idioma:
“Amigos argentino, I´m Lejía and yo siento mucho contento por carta. Yo también love very much leer libros because lectura is very interesting. I send you a lot of besas y abrazas from Spain”
Su intención es buena, si pudiera, ahora mismo cruzaría el Atlántico para ir a daros esos “besas y abrazas” porque lo dice como lo siente, es un buen chaval, pero vamos, lo mismo que a mí nunca me fichará el Madrid, a Lejía no creo que le contraten nunca de traductor de idiomas.
Aunque eso no me importa, al fin y al cabo, a los amigos se les quiere con sus defectos y sus virtudes ¿no? A unos se le dan mejor los estudios, a otros peor, a unos les encanta la informática y a otros nos gusta trepar por las rocas. Lo importante es que seamos buena gente, como dice mi abuela:
-Este crío es muy revoltoso, pero ni roba, ni mata, ni nada de eso…
Vamos, que me quieren como soy, como yo con Lejía y con todos mis amigos entre los que ya os cuento.
¡Abrazos enormes que atraviesen de un lado al otro el mar que nos separa!
“Abrazas nadando en water because me don´t sabe nadar very well “
(Ni very well, ni nada porque se muere de miedo en la bañera de casa, pero bueno, el cariño no necesita ser un buen nadador para llegar a vuestro país).

Hasta siempre: Tristán Saldaña (and Lejía…Saldaña también)