sábado, 24 de octubre de 2009

CUENTO EN FUTURO


Repasábamos mi hijo y yo la lección de lengua, concretamente la narración, y decía que los verbos empleados para relatar un hecho, son siempre en presente o en pasado.
Es lógico, pero yo me pregunté si es que no se pueden escribir cuentos en futuro, por ejemplo. Así que me puse a intentarlo y esto es lo que salió:

Será una vez que será,
en un remoto lugar,
que habrá sólo gente buena,
sin saber lo que es la pena,
sólo la felicidad.

No habrá pobres,
ni miseria,
ni niños viviendo guerras,
ni se cumplirán condenas
pues ni cárceles habrá.


Sobrarán los hospitales,
y los guardas forestales,
no harán falta policías
ni de noche ni de día,
se vivirá siempre en paz.

No habrá colegios tampoco…
“¿Cómo que no habrá colegios?”
dice mi madre al oírme.
“no hay que hacer ese desprecio,
son sitios imprescindibles”

Sabía que era imposible,
que hubiese un sitio perfecto,
sin libros y sin pupitres.
sin notas y sin maestros
que estén todo el día al quite.

No creo que sea tan duro,
yo no pierdo la esperanza
de que este cuento en futuro
siga reuniendo andanzas
aunque lo tenga muy crudo.



sábado, 10 de octubre de 2009

LAS EDADES DEL HOMBRE (Y DE LA MUJER)




Pues claro que sí, cada edad tiene su encanto, y cada etapa de la vida se vive de una manera. Ayer saboreé la ventaja de tener hijos de diferentes edades, de poder disfrutar de cada uno según el momento que viven, y me dije a mí misma que aunque es cierto que la felicidad no existe al completo, esos ratitos felices son ricos, ricos.
Fue todo bien sencillo, terminábamos de cenar juntos y el pequeño, un poco griposo y con algunas decimillas de fiebre, se me quedó dormido en brazos. No sé cómo surgió el tema de la enseñanza y empezamos a hablar sobre las asignaturas, el enfoque educativo en una clase en la que cada niño tiene unas necesidades, cómo fomentar la lectura en las aulas, si merece la pena “obligarles” a leer un libro concreto o favorecer la lectura que a cada uno le guste más.
Mira, era un gusto escuchar a mis chicos mayores hablar sobre la Logse, sobre cómo enfocarían ellos la educación especial, sobre la forma más adecuada de hacer que los alumn@s se interesen por las cosas que estudian, qué decirles si preguntan para qué vale saber hacer una integral o una derivada, por qué tienen que aprender esto o aquello.
Me quedé con el pequeño en brazos, no me atreví ni a levantarme para llevarlo a la cama, por si se rompía la magia, por si al moverme de allí se iban ellos también y se cortaba la conversación.
Todo ha merecido la pena, todo por escucharles hablar así, por oír sus sueños convertidos en palabras, por ver el resultado de tantas horas de estudio que llevan encima (y las que les quedan), todo por la mirada emocionada que cruzamos su padre y yo al sentirnos pequeños a su lado, al llenársenos el pecho de aire mirando aquellos chicos que no hace tanto bajaban por el tobogán o aprendían a leer cuentos.
En sus palabras revivo la misma ilusión que hace años llenaba mis planes de futuro, y veo que es verdad lo que dicen los físicos, que la energía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma. Claro que sí, aquella energía que corría por mis venas, aquellas ganas de cambiarlo todo (en mi caso, la enfermería), de hacer el mundo diferente, la misma que el tiempo va aplacando, es la que ahora les sirve a ellos de combustible para querer hacer una enseñanza diferente, una educación física renovada, unos libros adecuados.
“No van a poder cambiar el mundo”-dice mi marido al verles con tanto entusiasmo.
“Bueno-le digo- pero tienen derecho a intentarlo”.
Mi pequeño duerme feliz en mis brazos ajeno a la conversación de sus hermanos. Le beso la frente, le achucho, le siento respirar tranquilo ya sin fiebre. Cuando despierte me contará sus “problemas”: que Víctor le pega los mocos o que Jorge le ha dado un mordisco a su bocata.
Mientras tanto, mi “hombrelescente” de doce años y nueve meses ensaya peinado ante el espejo tratando de aplacar el enfado que tiene porque no le dejo salir todo lo que él quiere.
-¡Mamá! No puedes ponerme un ladrillo en la cabeza para que no crezca…

¡¡Uy!! Si poniéndoles un ladrillo encima no creciesen, había terminado yo con el problema de la construcción.

Pongo al peque en la cama, ya es muy tarde. Otro día que pensé acostarme pronto y no se me arregló, no importa, días hay muchos, pero ratos como este son irrepetibles.
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martes, 6 de octubre de 2009

¡¡BUENAS NOTICIAS!!


El día 2 de Octubre asistí en Miranda de Ebro a la entrega de premios del Certamen convocado por su Ayuntamiento basado en la igualdad entre hombres y mujeres, en el que obtuve el segundo premio con el relato titulado “Examen de educación para la igualdad”.
No hacen falta los premios para incentivar cuando la escritura es más pasión que afición, pero son empujoncitos que cargan las baterías de la ilusión, y eso está muy bien, porque a veces esta, también se viene abajo.
Dejo aquí el relato, espero que guste.



EXAMEN DE EDUCACIÓN PARA LA IGUALDAD


1ª PREGUNTA: ¿Qué es para ti la igualdad?
Respuesta: Es una cosa que es como otra, o sea, igual, pero eso es si hablamos de cosas, porque si hablamos de personas, entonces es distinto, porque según a quién se lo preguntes, te contestan de una manera o de otra. Por ejemplo, mi madre dice que es una cosa por la que se lleva luchando mucho tiempo pero que todavía tardará mucho en llegar, y mi padre dice que son chorradas de las mujeres que se aburren.
Pero en la escuela nos han explicado que es lo más normal del mundo, y que significa que todos somos iguales: que da igual que seas hombre o mujer, que tienes que tener los mismos derechos.
No sé si lo he explicado bien, porque así, escrito, me lío un poco, pero si lo digo hablando me sale mejor.

2ª PREGUNTA: ¿Crees que hay igualdad en la sociedad actual?
Respuesta: En la sociedad actual no lo sé, porque nosotros vivimos en un pueblo pequeño, pero aquí desde luego que no porque cuando se me ocurrió la idea de hacer un equipo de fútbol de chicas, se partieron de risa los chicos, y eso no es igualdad ni es nada, lo que tienen es miedo de que les podamos ganar y se acobardaron. Hasta mi padre me echó una bronca que no veas porque dijo que cómo se me había ocurrido decir eso, que hasta en el bar se lo habían dicho y se habían reído todos.
O sea, que mi respuesta a esta segunda pregunta, es un NO, bien grande.
¡Ah! Y otra cosa que estuvo muy malamente hecha fue cuando las votaciones para alcalde, que estuvo apunto de salir la madre de Carmen Linazero y al final volvió a salir el señor Sotillo, que ya estaba ahí debajo cuando hicieron el ayuntamiento y se quedó para siempre, que como dijeron todas las mujeres, fue un “pucherazo”. Esto tampoco es igualdad.

3ª PREGUNTA: ¿Qué crees tú que se podría hacer para fomentar la igualdad?
Respuesta: (Me parece que fomentar es hacer que algo vaya hacia delante ¿no?)
Yo creo que para fomentar la igualdad se pueden hacer muchas cosas en general, pero eso lo tiene que hacer Zapatero, me parece, porque es el jefe de todo.
Pero claro, Zapatero a mi pueblo no creo que vaya a venir, y entonces tendremos nosotros y nosotras que ir haciendo algo, por ejemplo lo que yo acabo de hacer ahora y que se me olvida casi siempre porque no estoy acostumbrada, que es decir nosotros y nosotras, vosotros y vosotras, ellos y ellas… y así todo el rato. Esto no arregla las cosas, pero es para que las orejas se acostumbren a oír hablar también en femenino.
Lo que a mí me cuesta más es entender que no vale para todo, porque el otro día le dije a mi padre que había para comer “garbanzos y garbanzas” y se estuvo riendo tres horas seguidas.
Otra cosa que se puede hacer es que en el ayuntamiento se les acabe el cuento y dejen que haya la mitad de mujeres y de hombres, (por lo menos) que ahora son todos señores, encima, más viejos que el catarro.
En nuestra escuela ya hacemos lo que podemos, porque somos la única de España ( y creo que también del extranjero) en la que tenemos esta asignatura que se llama Educación para la Igualdad, en la que no hay libros, ni deberes ni nada, sólo hablamos todo el rato y ponemos ejemplos y esas cosas. También nos mandan actividades pero no de problemas, ni ejercicios de escribir y tal y cual, no, son de cosas que hay que hacer, por ejemplo: esta semana tenemos que ir a la iglesia y conseguir que el cura deje ya de hacer esa patochada de poner a los hombres en los bancos de la derecha y las mujeres en los de la izquierda. Que no es fácil que cambie, porque nuestro cura es más raro que un perro verde, pero bueno, hay que intentarlo.

4ª PREGUNTA: ¿Podrías decirme si en tu entorno cercano ves igualdad?
Respuesta: Sí, podría decírtelo.
No sé si con esa respuesta vale, por si acaso, voy a escribir más.
Yo he mirado en mi entorno cercano y no la he visto, a lo mejor está en el entorno lejano, eso ya no lo sé porque no me dejan ir, pero en mi casa por ejemplo, no hay ni un poco de igualdad.
Mi padre no friega los cacharros, mi padre no plancha, mi padre no limpia el polvo… Pero por si fuera poco (que no lo es, porque a mí me fastidia cantidad), lo peor es que mi hermano tampoco lo hace porque dice que si mi padre no friega no lo va a hacer él, y eso es tener un morro que lo flipas.
O sea, que la respuesta a esta pregunta, para resumir, es NO.

5ª PREGUNTA: ¿Estarías dispuesta/o a hacer algo para que las personas que no lo entienden, sepan qué es la igualdad y comprendan que es algo justo?
Respuesta: Sí, estaría dispuesta.
Por ejemplo, estaría dispuesta a que mi padre y mi hermano se fuesen a vivir al corral con los conejos y las gallinas, pero mi madre dice que eso no podemos hacerlo porque no se lo merecen (los conejos y las gallinas), así que lo tenemos crudo.
Yo he puesto una hucha en la cocina para multarles con un euro cada vez que no hagan algo y nos lo dejen a nosotras, pero dice mi padre que eso no vale porque con lo de la crisis no hay euros para esas multas.
Pero no me doy por vencida, ya he conseguido que bajen la tapa del váter cuando van al baño y además, que afinen un poco la puntería porque vamos…

6ª PREGUNTA: ¿Habláis tus amigos/as y tú sobre el tema de la igualdad en alguna ocasión?
Respuesta: Hablo de la igualdad en las clases sobre la igualdad, claro. Y luego, fuera de ahí, lo hablo con Julita, con Laura Gómez y con María (la rubia, que la otra no me cae muy allá), pero no lo hablo con Víctor, con Soto ni con el “Para” (bueno, es Rubén Castaño, que le llamamos así por lo de las orejas, que las tiene como si fuesen antenas parabólicas), con ellos no porque no se dejan.



7ª PREGUNTA: ¿Qué esperas de esta asignatura?
Respuesta: Aprobar.
Bueno, y también aprender más cosas para que todos y todas consigamos ser iguales, cobrar lo mismo en los trabajos, que los hombres dejen de pegar a las mujeres (que todavía no entiendo por qué lo hacen), que en los sitios no te quedes sin trabajo por ser mujer o por tener niños, que en las casas trabajen igual las madres que los padres ( y que los hermanos que sean chicos de trece años con un morro que lo pisan)… en fin, esas cosas que son de cajón, pero que como hasta ahora no se habían hecho, pues todo el mundo creía que no eran así, pero vamos, que la culpa de esto la tiene el hombre aquel de Cromañón que arrastraba a las mujeres por el suelo de la cueva tirándola de los pelos y nadie le paró los pies.
Pero como ya no somos Cromañones / ni Cromañonas, ni vivimos en cuevas, ni cazamos dinosaurios para comer, ni vamos con taparrabos y todas esas cosas, pues que lo mismo que hemos cambiado eso, ya es hora de ir cambiando estas otras cosas, porque como dice mi abuela “de poco nos vale haber llegado a la luna, si no conocemos Cuenca”, que quiere decir que menos gastar dinero en armas y todo eso y más igualdad.
Bueno, lo dejo aquí porque veo que me lío.

Libros chulos

El día uno, al pasar la hoja del calendario para estrenar el mes, encontré un texto precioso. Mira qué bonito:

“El olor de mi casa”

Mi casa huele a rosas
y al pelo de mi madre,
a su piel de azucenas
y de lirios del valle.

Su pelo es como un bosque
que perfuma el aire.

La casa también huele
a tibieza y ternura
de la niña pequeña
que está en la cuna.

Está extraído de un libro de Carmen Gómez Ojea, titulado “El corazón de la casa” (Ed. Everest), y me pareció tan lindo que me alegró la mañana, porque casi, casi pude traer a mi mente el olor de aquella casa en la que fui pequeñita, en la que mi madre era el refugio, la seguridad y la calma, todo lo que se necesita al abrir la puerta de casa cuando llegas del colegio y siempre está ella, cuando años después echas la mente atrás y no encuentras rincón más tranquilo que el de la niñez a su lado, exactamente la misma sensación que me gustaría dejar a mí en mis hijos cuando en el futuro recuerden los años que vivieron junto a mí. El tiempo, sabio “colocador” de sensaciones, dirá si lo he logrado.
Mientras tanto vivo el día a día viéndoles crecer, evolucionar y madurar, cada uno en su edad, siendo consciente de que su padre y yo, con nuestro presente, estamos construyendo sus recuerdos.
De momento, me he comprado el libro, porque si todo es tan bonito como lo que leí esta mañana, voy a pasar un rato entrañable de lectura, de esos cerquita de la ventana con un colacao humeante y mis niños cerca, siempre cerca.
La ilustración es de Marina Seoane. La fotografía es de mi madre cuando tenía dieciocho años.