lunes, 13 de abril de 2009

Demasiado tarde

Estos días han fallecido dos personas muy conocidas, que se han ido tan discretamente como vivieron, una de ellas era la cantante Mari Trini, de la cual, los que ya tenemos unos años, recordamos canciones que, gustasen más o menos, forman parte de nuestros recuerdos musicales. La otra es la escritora Corín Tellado, una mujer que según se ha publicado a raíz de su fallecimiento, vivió sin ser consciente del éxito de sus escritos, llegando a ser después de Cervantes, la escritora española más leída.
Dice Vargas llosa que aunque no ha leído nada de ella, tuvo oportunidad de entrevistarla en una ocasión y le pareció una persona entrañable, introvertida, poco amiga de apariciones públicas, discreta y reservada.
El fallecimiento de ambas ha ocupado días atrás noticias en prensa y espacios tanto en radio como en televisión. Parece ser que la cantante fue una de las mejores de este país, fenomenal compositora, arriesgada en las letras (no olvidemos aquel “Yo no soy esa” que en los setenta-ochenta era como un himno a la libertad de la mujer que por entonces se vislumbraba bastante lejana todavía), dicen que su personal voz era irrepetible y se le reconoce un valor añadido por lo innovadoras que eran sus composiciones.
Pero esta mujer murió (aparte de por una enfermedad física) sumida en la tristeza de haber sido olvidada por el público y sin haber tenido un reconocimiento, ni siquiera la menor repercusión cuando hace algunos años intentó retomar su carrera.
Y yo me pregunto: ¿Todo lo maravilloso que se está diciendo de ella ahora, no se lo podían haber dicho un poco antes? ¿Por qué tenemos esa costumbre tan fea de ensalzar a la gente cuando ya no puede disfrutarlo?
¡Joer! Si era una de las mejores cantantes españolas, si componía de maravilla y si fue una pionera en cantar por la libertad para la mujer, habría que habérselo hecho saber antes, que seguramente , hubiese fallecido igual, porque las enfermedades a veces, no perdonan, pero se hubiese ido de otra manera ¿no? A lo mejor no hubiese estado tan deprimida y hubiese disfrutado un poquito pensando que su trabajo no está tan olvidado como ella pensaba.
¿De qué le vale ahora a Corín Tellado que todo el mundo reconozca su mérito? Resulta que cuando vivía no se le daba importancia a sus publicaciones porque eran novelas rosas, y ahora resulta que esas mismas novelas rosas que algunos que algunos nombran con cierto aire peyorativo, se han leído en medio planeta. Yo puedo asegurar que hay muchísimas novelas de esta y otras autoras y autores, que son muchísimo mejores que algunos best-seller que nos venden ahora como éxitos editoriales (ojo, que he dicho “algunos”).
Hubo una época, que debió ser deliciosa, en la que estas novelas se cambiaban en los quioscos, de modo que cuando estaban leídas, se podían entregar y coger otras, y durante años, las mujeres (y muchos hombres que no lo decían) alegraron sus ratos con aquellas historias escritas en papel de color sepia y con unas portadas pequeñitas pero llamativas.
¿Y qué? ¿Eso es malo? Pues no señor, eso es estupendo, se leía mucho y sobre todo, se distraían, se olvidaban de otros problemas que seguramente tendrían, de otras “crisis” que nuestros padres ya han pasado (aunque nos parezca que estamos descubriendo la pólvora) y tenían la ilusión de ir al día siguiente al quiosco a cambiarlas.
Mi madre guarda una colección de esas novelas, y cada vez que me habla de ellas se le pone en los ojos esa chispa especial que deja el recuerdo de los momentos vividos que sabes que no volverán. Y como ella, miles de mujeres en todo el mundo.
Hubiese sido precioso que Corín Tellado, sin dejar su elegida discreción, hubiese sido más consciente de lo importante que fue para aquellas lectoras.
Ahora se reeditarán sus libros en fascículos coleccionables (y los discos de Mari Trini, por supuesto), a lo mejor hasta alguna editorial avispada crea un certamen al que pondrá el nombre de “Premio de novela rosa Corín Tellado”, y todo eso está fenomenal, pero a mi entender, llega demasiado tarde.
¡Caramba! Si hasta Pérez Reverte, miembro de la Real Academia Española y exitoso escritor y reportero, reconoce desayunar su tazón de leche con choco-crispis hojeando la prensa rosa porque le distrae ese ratito y le aleja de otras preocupaciones mayores.
Vamos a dejar de ser falsos, que en nuestro país se venden miles de ejemplares de revistas del “corazón”, pero no sé a quién, porque resulta que nadie reconoce comprarlas.
Reconozcamos el éxito de la gente, cuando aún puede disfrutarlo, que para eso se lo habrá currado, que muertos, todos somos buenísimos pero no nos vale de nada.
Besos.
Se cuidan.

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