lunes, 4 de marzo de 2013

NO QUIERO LA RAZÓN POR SER MUJER



Quiero que me den la razón solo si la tengo.

Estos días se ha desatado la polémica a raíz de las declaraciones del diputado de UPyD Toni Cantó, al afirmar que hay denuncias por violencia de género que son falsas y que se dan casos en los que los hombres sufren situaciones de discriminación en  separaciones matrimoniales sin acuerdo mutuo.
No voy a poner en duda que el porcentaje de denuncias falsas por maltrato a la mujer sea el 1% como indican los datos facilitados por el gobierno, lo que tengo claro es que sea el tanto por ciento que sea, hace daño, no solo a los hombres a los que se quiere condenar sin haber cometido delito, sino también a todas las mujeres, maltratadas o no,(yo, afortunadamente, nunca lo he sido) a las que se nos hace perder credibilidad. Tampoco  todos los hombres son maltratadores, solo un pequeño porcentaje,  pero los que lo hacen, hacen un daño inmenso.
Soy defensora a ultranza de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, defiendo que, afortunadamente para unos y otras, somos diferentes como personas, pero insisto, con los mismos derechos. Por supuesto, estoy en contra de la violencia, de cualquier clase de violencia, también de la que se ejerce sobre la mujer y así lo he reflejado en algunos de mis relatos y novelas con los que he querido aportar mi pequeñísimo grano de arena a la causa, pero no me considero feminista ni machista, soy simplemente “personista”, defiendo a la persona, al ser humano, cuando hay que defenderlo o lo condeno si el caso lo requiere, entendiendo defensa o condena como criterio personal.
Me niego a estar a favor de todas las mujeres y en contra de todos los hombres, no me gusta esta sensación de movimiento pendular que estamos viviendo: antes el desprecio a la mujer era absoluto y total, y la razón la tenía siempre el hombre por el simple hecho de serlo, y ahora parece que se quiere pasar al extremo contrario, y eso nos hace un flaco favor a todas.
Quiero la razón si la tengo, si no, no me interesa.
No me gusta que en procesos de divorcio no se sea ecuánime, no me gusta que sea difícil conseguir la custodia de los hijos por parte del padre, porque hay padres maravillosos y madres que no lo son. Claro que se cometen injusticias y discriminaciones al amparo de la ley, de una ley que nació para ser justa y que necesita revisarse, porque como suele ocurrir, todos los procesos nuevos necesitan un rodaje para ajustar los posibles errores. La ley de igualdad fue un logro, pero requiere ajustes al hilo de los hechos que están sucediendo.
El jueves, en un diario nacional, la jueza María Sanahuja expone lo siguiente: “… todos estábamos teniendo un comportamiento poco acertado”, sostiene Sanahuja. “Me refería a jueces, fiscales, policías, abogados, periodistas y a muchas mujeres que utilizaban el Código Penal para obtener mejores condiciones en los procesos civiles de rupturas de parejas”.  
Inmediatamente ha sido tildada en otro medio de “jueza poco feminista”.
Bueno, pues como yo ya me he declarado “personista”, insisto en que se cometen muchas injusticias contra las mujeres, pero también contra los hombres, y apoyo las palabras de la jueza, porque algunas de esas situaciones de injusticia por parte de fuerzas de orden público  las he presenciado.
¿Qué por qué no se ha denunciado?
Se ha hecho, pero de nada ha servido.
No quiero un mundo en el que la mujer es ninguneada y pisoteada sin piedad, pero como decía mi abuela: “en el término medio está la virtud”, y habrá hacer lo posible para conseguirlo, no valdría la pena todo el esfuerzo hecho para acercarnos a la igualdad de derechos si con ello hemos logrado  desequilibrar la balanza al otro extremo.

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